Vi varias veces el anuncio que hizo Gallardo. Traté de buscar algún guiño que anticipe su vuelta, alguna palabra inesperada, algún silencio, la respiración de Enzo ahí al lado.
Fue especial e inesperado, a contramano de lo que venían anticipando los periodistas que siguen a River. Había una sensación instalada que decía que iba a seguir. Justo al revés del anuncio del año pasado, cuando parecía que se iba y sorprendió con esas frases que arman los especiales, los verbos raramente conjugados como para darle más potencia al mensaje. “Elijo seguir estando”, dijo entonces.
Ahora elige irse, con otra frase de las buenas: “Ha sido una historia hermosísima”. Como si sus ocho años en el club hubieran sido un cuento. No dijo ciclo, a pesar de que fue el CEO del club durante todo este tiempo. Dijo historia porque eso fue lo que hizo.
Me pregunto qué estará haciendo ahora Gallardo, si se sentirá más aliviado, si estará tomando mate -el combustible de los pacientes- mientras mira algún entrenamiento de inferiores, acaso marcando algún jugador que va a elegir cuando vuelva.
Acá dicen que Riquelme lo terminó de retirar. Entiendo que es una lectura posible, y entiendo que algunos hinchas sientan alivio. Gallardo le ganó algunas cuantas veces a Boca, y además solía tener sus arranques de soberbia como los tenían también Bianchi, Ramón y Román. Pareciera que es algo que viene en el combo.
Pero también Gallardo era el único que decía que los torneos que organiza la AFA son imposibles de entender. Gallardo era el único que le daba dimensión internacional al fútbol local. Si no hay que preguntarle a Guardiola.
En el chat de mis amigos ya tiramos nombres. Uno dice Gareca, otro dice Biscay, Crespo, Leo Ponzio, Pipo Gorosito. Ahora que lo pienso parece obvio. Hasta la despedida de Gallardo es perfecta. Nos deja varios meses para hacer un duelo, incluso con un Mundial en el medio. El último de Messi.