Las imágenes de una cámara de seguridad de la cuadra captaron con claridad la escena: un vehículo blanco acelera de manera repentina y embiste a una moto en la que iban dos personas. Ambas salen despedidas varios metros y quedan tendidas sobre el asfalto.
El auto continúa su marcha, roza a otra moto estacionada y embiste también a un grupo de jóvenes que estaba sobre la calle. Una cuarta víctima, que se encontraba cerca de la vereda, también fue alcanzada.
La secuencia terminó con corridas, gritos y la fuga del conductor. Quienes estaban presentes retiraron a los heridos en otros vehículos particulares, antes de que llegaran los efectivos policiales.
Una pelea con heridos que se esfumó como si no hubiese ocurrido
La primera llamada al 911 se registró a las 8. Cuando la Policía de Córdoba llegó al lugar, no encontró ni víctimas ni rastros evidentes de un siniestro.
Más tarde, cerca de las 9, ingresó un segundo aviso. Los patrulleros volvieron a la zona, pero la situación era la misma: no había heridos ni restos del choque.
“Los subieron a un auto para que no los vea la Policía y no se den cuenta de que el quilombo fue en el after”, relató Hernán. Otro vecino reforzó la versión: “Se llevaron a los heridos, levantaron plásticos, vidrios y hasta los restos de las motos. Guardaron todo, como si no hubiera pasado nada. Fue una limpieza exprés”.
La única constancia médica del hecho llegó horas después. Un joven de 19 años ingresó por sus propios medios al Hospital Cura Brochero con una fractura en el brazo y una lesión en la nariz. Según relató, había sido atropellado por un auto.
Sin embargo, cuando iba a ser derivado a otro centro médico, sus padres llegaron y el muchacho se negó a realizar la denuncia. Este dato refuerza la sospecha de que hubo una intención deliberada de ocultar el origen del episodio para no comprometer a los organizadores del after.
"La Casita", un local con antecedentes y denuncias de los vecinos
El boliche “La Casita” no es ajeno a los operativos judiciales. El pasado 5 de julio, un megaoperativo policial y municipal encabezado por el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, y el director ejecutivo del Ente de Fiscalización y Control, Ezequiel Hormaeche, desarticuló una fiesta con más de 400 asistentes en el mismo lugar.
Ese día, inspectores constataron que el sitio carecía de habilitación comercial, condiciones mínimas de seguridad e higiene. No había matafuegos, señalización de emergencia ni certificado eléctrico.
En el procedimiento se secuestraron equipos de sonido, luces y bebidas por un valor estimado de 8 millones de pesos. La municipalidad radicó una denuncia contra los organizadores en la Unidad Judicial de Delitos Económicos.
El contraataque de los organizadores
Lejos de desaparecer, los responsables del after respondieron con una denuncia contra las propias autoridades. Acusaron al ministro Quinteros y a los funcionarios municipales de “violación de domicilio, hostigamiento y persecución”.
Sin embargo, los vecinos sostienen que, pese a las clausuras, el local siguió funcionando. “Siempre hacen lo mismo: cierran una semana, después vuelven a abrir. Hay música, gritos y peleas todos los fines de semana”, denunció un frentista.
El Ministerio de Seguridad de Córdoba emitió un comunicado en el que anunció que este lunes se ampliará la denuncia contra los organizadores y que no se permitirá que estos eventos clandestinos continúen operando.
“No vamos a permitir que estos delincuentes, que se creen dueños de la noche, realicen actividades ilegales que atentan contra la paz social”, sostuvo el ministro Quinteros.