DOLOR INMENSO

Caso Liam Gael: se conoció la causa de la muerte del bebé que murió en un jardín

A cuatro meses de la muerte de Liam Gael, un bebé de apenas 11 meses, el caso ocurrido en un jardín infantil de La Calera continúa envuelto en interrogantes, versiones enfrentadas y un profundo dolor familiar que todavía no encuentra respuestas definitivas.

Caso Liam Gael: se conoció la causa de la muerte del bebé que murió en un jardín

A cuatro meses de la muerte de Liam Gael, un bebé de apenas 11 meses, el caso ocurrido en un jardín infantil de La Calera continúa envuelto en interrogantes, versiones enfrentadas y un profundo dolor familiar que todavía no encuentra respuestas definitivas. Lo que comenzó como una investigación por un presunto accidente o una causa natural derivó, con el correr de las semanas, en dictámenes forenses contradictorios, sospechas de homicidio, indicios de abuso sexual y cuestionamientos directos al accionar de la Fiscalía y de los organismos periciales.

La muerte del pequeño ocurrió en septiembre de 2025, dentro del establecimiento educativo al que asistía. Desde ese momento, el caso se transformó en un tema de alto impacto público, no solo por la corta edad de la víctima, sino también por las graves inconsistencias que comenzaron a surgir en los informes oficiales y por la sensación de desamparo que denunció la familia.

Un primer informe que encendió las alarmas

Según el primer dictamen pericial al que accedieron los investigadores y posteriormente la prensa, la causa de muerte fue registrada como “sofocación por obstrucción de la vía aérea superior”. El documento fue aún más contundente al clasificar el fallecimiento como una “muerte violenta – homicidio”, una calificación que modificó por completo el rumbo del expediente.

Esa conclusión inicial abrió la puerta a la hipótesis de un hecho doloso, activó protocolos judiciales más severos y colocó al jardín infantil bajo la lupa de las autoridades. La calificación de homicidio no solo implicaba la posible responsabilidad de terceros, sino que también sugería que el bebé habría sido víctima de una acción externa incompatible con una muerte accidental o natural.

La noticia generó una fuerte repercusión social, con reclamos de justicia, pedidos de esclarecimiento inmediato y una creciente presión sobre la Fiscalía para avanzar con celeridad en la investigación.

Un segundo dictamen que cambió el escenario

Sin embargo, el panorama dio un giro inesperado cuando surgió un reporte pericial complementario que ofrecía una explicación completamente distinta. En ese informe, los especialistas señalaron que el menor padecía un virus respiratorio y que la causa del deceso habría sido una “miocarditis linfocítica focal por virus sincitial respiratorio”.

La conclusión fue categórica: “Opinión médico legal sobre la manera de la muerte: natural”.

Este segundo dictamen no solo contradijo al primero, sino que también sembró profundas dudas sobre la consistencia técnica de los estudios forenses realizados. Dos informes oficiales, elaborados en el marco de la misma causa, describían escenarios diametralmente opuestos: uno hablaba de homicidio; el otro, de una muerte natural.

La contradicción expuso fallas en la coordinación pericial, abrió un debate entre expertos y dejó a la familia en una situación de total incertidumbre.

El reclamo de la madre: “Nos negaron los resultados”

En medio de ese escenario confuso, la madre del bebé, Mildred Narváez, decidió romper el silencio. En declaraciones a distintos medios, denunció que durante tres meses la familia esperó los resultados oficiales de las pericias y que, durante ese tiempo, “nos negaron los resultados”.

Sus palabras reflejaron no solo el dolor por la pérdida de su hijo, sino también una profunda desconfianza hacia las autoridades. Según relató, la familia se enteró de detalles clave del expediente a través de filtraciones y publicaciones periodísticas, antes que por una comunicación formal de los organismos responsables.

Ese reclamo alimentó la exigencia de transparencia, celeridad y un trato digno hacia los familiares de la víctima, que aseguran haber sido relegados a un segundo plano en una causa que los afecta de manera directa.

Indicios de abuso sexual que agravaron la polémica

Cuando el caso ya parecía atravesado por una compleja disputa médica y judicial, un nuevo elemento volvió a sacudir la investigación. Según consta en uno de los informes periciales, se detectaron indicios compatibles con abuso sexual.

El documento señala textualmente que esos hallazgos, “junto con los análisis del laboratorio de biología, permiten apoyar la hipótesis de un trauma agudo, crónico y abuso sexual”.

La inclusión de esta hipótesis elevó la gravedad del caso a un nivel extremo y generó un fuerte impacto tanto en la opinión pública como en el entorno familiar. La posibilidad de que el bebé haya sido víctima de abusos, sumada a la calificación inicial de homicidio, reforzó la percepción de que el caso estaba lejos de ser esclarecido.

Al mismo tiempo, estos indicios profundizaron las diferencias entre los peritos, ya que no todos los informes coincidían en la interpretación de los hallazgos médicos.

La detención y liberación del padre

En ese contexto, el 27 de enero, la causa tuvo un nuevo capítulo cuando Michael Steven Rodríguez Ayala, padre del menor, fue detenido por presuntos delitos sexuales contra su hijo. La detención generó un fuerte revuelo mediático y social, en un clima ya cargado de sospechas y tensiones.

Sin embargo, la situación dio un vuelco pocas horas después. El juez interviniente resolvió dejarlo en libertad, argumentando la “debilidad investigativa de la Fiscalía General de la Nación”.

En la resolución judicial se indicó que “no existía en este momento procesal inferencia de autoría o participación”, una frase que dejó en evidencia la falta de pruebas sólidas para sostener la acusación en esa instancia.

La decisión judicial reavivó las críticas hacia el trabajo del Ministerio Público y puso en cuestión la solidez del expediente.

Dos líneas de investigación exigidas por la familia

Tras la liberación del padre, la defensa de Mildred Narváez solicitó formalmente que la Fiscalía abra al menos dos líneas de investigación paralelas. Por un lado, una pesquisa por posible homicidio, teniendo en cuenta los informes contradictorios de necropsia. Por otro, una investigación específica por los presuntos delitos sexuales que surgen de algunos peritajes.

La familia sostiene que ambas hipótesis deben ser analizadas en profundidad y de manera independiente, sin descartar ninguna posibilidad de forma prematura. Para los allegados de Liam Gael, las discrepancias forenses no pueden resolverse con interpretaciones parciales ni con cierres anticipados del caso.

Un caso que expone fallas estructurales

Más allá del drama personal, el caso de Liam Gael dejó al descubierto problemas estructurales en el sistema de investigación judicial y forense. La existencia de dictámenes opuestos, la demora en la entrega de resultados, la detención fallida de un imputado y la falta de conclusiones claras evidencian deficiencias en la coordinación entre peritos, fiscalía y justicia.

Especialistas consultados coinciden en que, en casos de alta sensibilidad como la muerte de un menor, la precisión técnica, la comunicación transparente y el respeto a las víctimas son elementos fundamentales para evitar revictimizaciones y pérdidas de confianza en las instituciones.

La espera de una verdad definitiva

Mientras la investigación sigue abierta, la comunidad educativa, los vecinos de La Calera y la familia del pequeño Liam Gael continúan esperando respuestas claras. La causa se transformó en un símbolo de la necesidad de rigurosidad científica y responsabilidad institucional.

El desafío para las autoridades será armonizar los criterios técnicos, revisar en profundidad los peritajes y ofrecer una conclusión que permita cerrar el caso con verdad y justicia. Para la familia, no se trata solo de una resolución judicial, sino de comprender cómo y por qué murió su hijo.

El expediente sigue su curso, pero el tiempo pasa y el dolor permanece. La muerte de Liam Gael exige algo más que explicaciones fragmentadas: requiere un esclarecimiento integral que honre su memoria y brinde certezas a quienes hoy viven atrapados entre la duda y la espera.