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Femicidio: condenaron al "descuartizador de la amoladora" a prisión perpetua limitada a 35 años de cárcel

Waldo Servian Riquelme recibió esa pena por haber asesinado y seccionado a su pareja Mirtha Liliana González Ayala en un femicidio cometido en 2019.
13 de diciembre de 2021 - 14:43
Femicidio: condenaron al descuartizador de la amoladora a prisión perpetua limitada a 35 años de cárcel

Waldo Servian Riquelme recibió esa pena por haber asesinado y seccionado a su pareja Mirtha Liliana González Ayala en un femicidio cometido en 2019.

Además, en lo que significa todo un gesto ante lo aberrante del caso, el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) porteño N° 14 ordenó destruir la amoladora y el cuchillo empleados por el femicida y secuestrados en la causa “por tratarse de los instrumentos del delito”, según el fallo leído esta tarde en la última jornada de un juicio que se realizó vía Zoom, informó la agencia de noticias.

Los jueces Silvia Mora, Hugo Cataldi y Domingo Altieri consideraron a Servian Riquelme autor del “femicidio agravado por el vínculo y por mediar violencia de género”, y le impusieron la pena de “prisión perpetua limitada a 35 años”, teniendo en cuenta el tratado por el que fue extraditado desde la República del Paraguay, y que impedía que se lo condene a perpetuidad.

Más temprano, el acusado se declaró inocente cuando pronunció sus palabras finales antes de que el tribunal se retirase a deliberar y dar a conocer el veredicto.

“Yo no la maté. Estuve 15 años con ella”, dijo Servian Riquelme, vía Zoom desde el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, donde se encuentra detenido con prisión preventiva.

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En su alegato, el fiscal de juicio Fernando Klappenbach y el auxiliar fiscal Francisco Figueroa pidieron para Servian Riquelme la pena de prisión perpetua como autor del “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género”.

La misma pena, y por la misma calificación, solicitó también en su alegato la querella de la madre de la víctima, representada por los abogados Pablo Rovatti y Victoria Hernández Lehmann, ambos del Programa de Asistencia y Patrocinio Jurídico a Víctimas de Delito de la Defensoría General de la Nación.

Al referirse a lo “aberrante” que fue el femicidio, el abogado Rovatti usó el término en inglés “overkill” (en criminalística, un homicidio con excesiva violencia) para describir el “encarnizamiento” que tuvo Servian Riquelme con la víctima, incluso después de la muerte.

En cambio, su defensa, a cargo del abogado José Vera, solicitó su absolución al considerar que en este caso existía el “beneficio de la duda”, ya que no se investigó como posible autor a otro hombre que tenía acceso a la vivienda donde ocurrieron los hechos, un albañil paraguayo -misma nacionalidad que la de la víctima y el acusado-, al que Vera identificó como “Willy” Sanabria, explicó Télam.

Pero también recordó que en caso de que el tribunal decida condenar a su cliente, al ser de extraditado desde Paraguay –donde se entregó tras permanecer prófugo 50 días-, se acordó con la justicia de aquel país que no podía ser condenado a prisión perpetua –tal como solicitaron los acusadores-, y por ello entendió que el límite de una eventual pena debería ser 35 años de cárcel.

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Ambas partes acusadoras dieron por probado que el femicidio de “Lili” -tal como le decían-, ocurrió entre el 15 y el 16 de marzo de 2019 en la vivienda que ambos compartían, situada entre las casas 108 y 112 de la Manzana 110 de la villa 31. Indicaron que planificó dejar a sus hijos al cuidado de su familia la tarde previa al crimen para estar a solas con la víctima y que la asesinó en el baño, cuando probablemente Liliana estaba bañándose.

La autopsia concluyó que aparte de tener lesiones defensivas en las manos y un fuerte golpe en la cara, la víctima recibió con un arma blanca al menos dos puntazos en la región submentoneana que le ocasionaron una asfixia aspirativa, tras lo cual el asesino seccionó el cadáver en 25 fragmentos con una amoladora y un cuchillo.

Los peritos declararon en el juicio que el descuartizamiento se realizó en el baño, donde el asesino había desmontado el inodoro y el vanitory y que en la bañera se hallaron partes del cadáver, entre ellos la cabeza de González que estaba rapada con signos de ahumamiento en cuero cabelludo y con las orejas amputadas.

También encontraron en la cocina una olla y un horno eléctrico donde, según la acusación, fueron sometidos a cocción algunos restos que aparecieron en un fuentón junto a un perro, en la parte superior de la vivienda.

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