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Triple crimen narco

Disparos, armas, delincuentes y alcohol: así era, en videos, la vida del padre de "Pequeño J"

Videos caseros, apodos ligados al narcotráfico y un entorno familiar atravesado por la violencia forjaron la historia de Tony Janzen Valverde Victoriano, el joven de 20 años acusado de haber ordenado el triple femicidio narco en Florencio Varela.

01 de octubre de 2025 - 08:41
Disparos, armas, delincuentes y alcohol: así era, en videos, la vida del padre de Pequeño J

Videos disparando y ostentación: así exhibía su vida el padre de "Pequeño J"

La vida de Janhzen, marcada por los códigos de las bandas criminales de Trujillo, quedó registrada en videos caseros donde se lo veía disparando armas, bebiendo y compartiendo momentos de camaradería con su hijo. Esa cercanía, reforzada por la idea de “bandido” como herencia familiar, se transformó en la semilla de un destino atravesado por la violencia.

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El legado del padre del "Pequeño J"

En grabaciones difundidas como testimonio de su intimidad, Janhzen Valverde Rodríguez aparecía junto a su hijo adolescente en escenas de complicidad que, lejos de la inocencia, estaban atravesadas por la violencia y la admiración por figuras criminales.

El padre había decidido llamarlo Tony en homenaje a Tony Montana, protagonista de Caracortada, y solía alimentar sus conversaciones con relatos sobre Pablo Escobar, a quien admiraba como símbolo de poder. En redes sociales, incluso utilizaba el seudónimo “Pablo Emilio Escobar”.

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La historia de Janhzen se vinculó a la banda “Los Injertos de Nuevo Jerusalén”, que operaba en La Esperanza, Trujillo, en un contexto donde el control territorial y el uso de las armas eran moneda corriente. En diciembre de 2018, fue asesinado por un sicario de la organización rival “El Gran Marqués”, que lo ejecutó con tres disparos en medio de una disputa por el barrio.

La huella en “Pequeño J”

Cuando ocurrió ese crimen, Tony tenía apenas 13 años. La reacción no se hizo esperar: en su cuenta de Facebook escribió un mensaje que, según el diario La República, fue leído como un juramento de venganza: “Esto no va a quedar así, si nadie hace nada yo mismo lo hago con pana y elegancia”.

El entorno familiar reforzaba esa herencia criminal. Sus tíos, Manuel (“Chuman”) y Luis (“Serranasho”) Valverde Rodríguez, figuran en registros policiales por delitos que incluyen extorsión, robo agravado y homicidio. Esa genealogía consolidaba el peso del apellido Valverde en la crónica policial de Trujillo.

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Rodeado de armas, apodos y referencias tanto a criminales reales como a figuras de ficción, Tony creció en un círculo donde la violencia se naturalizaba y se exaltaba como forma de vida.

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El presente: de La Esperanza a Florencio Varela

Ese camino desembocó en la acusación más grave: haber planificado el triple femicidio narco en Florencio Varela. La Fiscalía lo señala como el ideólogo de la trampa que atrajo a las jóvenes y de la brutal ejecución que habría sido transmitida en vivo a través de un grupo cerrado de Instagram.

Su fuga, que lo llevó de Bolivia a Perú oculto en un micro y luego en un camión de pescado, terminó con su captura en Pucusana, al sur de Lima, gracias a un trabajo conjunto entre la Policía Bonaerense y la Dirección Antidrogas de Perú.

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Mientras la Justicia avanza en la investigación, en Trujillo todavía circulan los videos caseros de su padre, donde el poder se medía con disparos y copas al aire. Hoy, esas imágenes son vistas como el reflejo del legado que heredó su hijo y que terminó proyectándose en uno de los crímenes más atroces de los últimos tiempos.

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