Algunos saltaron muros perimetrales, otros treparon rejas, mientras que varios rompieron ventanas para huir del edificio. El miedo fue tan intenso que muchos resultaron heridos durante la fuga, con cortes y golpes provocados por los vidrios o las caídas.
Un alumno que logró escapar relató la experiencia con crudeza:
“Estábamos saliendo a izar la bandera, escuchamos un tiro y salimos corriendo. Salté el tapial y me fui a la calle”, contó, todavía en estado de shock.
El presunto atacante: un alumno armado dentro de la escuela
Uno de los aspectos más inquietantes del caso es la identidad del agresor. Según las primeras versiones, se trataría de un estudiante de cuarto año, lo que genera una fuerte conmoción por tratarse de un hecho ocurrido entre compañeros.
Testigos aseguran que el joven ingresó al establecimiento portando el arma con ambas manos, lo que sugiere cierto grado de preparación o, al menos, una intención clara al momento de actuar.
Respecto al arma utilizada, todo indica que sería una escopeta o un arma larga cargada con perdigones, hipótesis que surge tanto de las lesiones observadas en las víctimas como de los relatos de quienes presenciaron el ataque.
Este detalle no es menor: aunque los perdigones suelen asociarse a armas de menor letalidad, a corta distancia pueden provocar heridas graves o incluso mortales, como ocurrió en este caso.
Una institución emblemática en el centro de la tragedia
La Escuela Normal Mariano Moreno no es un establecimiento más dentro de la ciudad. Se trata de una de las instituciones educativas más importantes y concurridas de San Cristóbal, con una amplia oferta académica.
El colegio funciona prácticamente durante todo el día, desde las primeras horas de la mañana hasta la noche, e incluye:
- Nivel inicial
- Nivel primario
- Nivel secundario
- Secundario nocturno
- Profesorados en distintas disciplinas
Esta diversidad de niveles implica una circulación constante de alumnos, docentes y personal, lo que vuelve aún más alarmante el hecho de que un arma haya ingresado al edificio sin ser detectada.
El drama en cifras: un muerto y varios heridos
El saldo del ataque fue trágico. Un estudiante perdió la vida en el lugar, sin llegar a ser trasladado a un centro de salud. La confirmación fue realizada tanto por autoridades médicas como judiciales.
En paralelo, dos menores heridos fueron asistidos en el hospital local, donde se constató que ambos presentaban impactos de perdigones.
El director del hospital, Armando Borsini, brindó detalles del estado de los pacientes:
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Uno de los jóvenes tenía heridas en la región frontal y el tórax, por lo que fue sometido a estudios más complejos, incluyendo una tomografía.
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El segundo presentaba lesiones en un brazo y en el tórax, aunque se encontraba estable al momento de la atención.
Ambos casos, afortunadamente, evolucionaban fuera de peligro, aunque en estado de shock por la situación vivida.
Heridos por el pánico: las consecuencias invisibles del ataque
Más allá de las víctimas directas del tiroteo, hubo numerosos alumnos que resultaron lesionados durante la huida. El caos y el miedo llevaron a muchos a tomar decisiones desesperadas para escapar.
“Hubo chicos que rompieron ventanas y saltaron sin pensar”, explicó el director del hospital, quien confirmó que varios estudiantes llegaron con cortes y traumatismos.
Si bien ninguna de estas heridas fue de gravedad, el impacto emocional del episodio es profundo y difícil de dimensionar. Psicólogos y especialistas advierten que este tipo de situaciones puede dejar secuelas a largo plazo, especialmente en adolescentes.
La muerte en el lugar y la intervención judicial
Uno de los datos más duros del caso es que el estudiante fallecido murió dentro del establecimiento, sin posibilidad de recibir asistencia médica.
La información fue confirmada por el Ministerio Público de la Acusación (MPA), que intervino desde el primer momento. Peritos y fiscales trabajan en el lugar para reconstruir la secuencia exacta del ataque, recolectar pruebas y tomar declaraciones.
Entre los principales puntos a esclarecer se encuentran:
- Cómo ingresó el arma al colegio
- Qué motivó el ataque
- Cuál era el vínculo entre el agresor y las víctimas
- Si hubo señales previas que pudieron haber anticipado el hecho
Una comunidad en shock y el debate que vuelve a abrirse
El impacto del tiroteo trascendió rápidamente los límites de la escuela. Familias enteras se acercaron desesperadas al establecimiento y al hospital en busca de información, generando escenas de angustia y desborde emocional.
San Cristóbal, una ciudad acostumbrada a la tranquilidad, quedó paralizada. La violencia irrumpió en uno de los espacios más simbólicos: la escuela, un lugar que debería ser sinónimo de protección y aprendizaje.
Este tipo de episodios, aunque poco frecuentes en Argentina, reactivan debates urgentes sobre seguridad escolar, salud mental adolescente y control de armas.
Especialistas coinciden en que no existe una única causa para hechos de esta naturaleza, sino una combinación de factores que pueden incluir conflictos personales, problemas emocionales, acceso a armas y falta de contención.
Interrogantes que exigen respuestas
Mientras avanza la investigación, las preguntas se multiplican. ¿Cómo pudo un alumno ingresar armado? ¿Hubo fallas en los controles? ¿Se podrían haber detectado señales de alerta?
También surge un cuestionamiento más profundo: ¿están las preparadas para enfrentar situaciones de este tipo? La mayoría de los protocolos existentes se centran en incendios o evacuaciones, pero no contemplan escenarios de violencia armada.