Cuando la verdadera identidad de Liliana salió a la luz, también se conoció su prontuario judicial. Había sido condenada por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización, tenencia ilegal de arma de fuego y homicidio. Tres delitos graves que habían marcado su vida anterior y que probablemente influyeron en su decisión de mantenerse oculta.
Las autoridades aún no pueden confirmar si su historial delictivo está vinculado de forma directa con el crimen actual. Sin embargo, la información suma un elemento clave al perfil de la víctima y al contexto en el que ocurrió el asesinato.
La investigación apunta a un hombre identificado como J.R., de nacionalidad paraguaya, quien habría mantenido una relación con la víctima. Hasta el momento, la Policía Bonaerense lo busca como principal sospechoso del homicidio. Aunque algunos vecinos señalan que eran pareja, otros no pueden confirmar el vínculo con certeza, lo que complica el avance del caso.
El hecho de que Liliana usara otra identidad, y que su entorno no supiera casi nada de su vida personal, dificulta a los investigadores establecer conexiones claras. Según fuentes judiciales, se trabaja bajo la hipótesis de un crimen motivado por conflictos personales y no por un intento de robo.
La fiscalía descarta el robo
El fiscal Claudio Fornaro, a cargo de la Unidad Funcional de Instrucción Temática Homicidios del Departamento Judicial de La Matanza, tomó el caso desde el primer momento. De forma tajante, descartó la posibilidad de un robo como móvil del asesinato.
"La escena no muestra signos de robo ni forcejeo, fue una ejecución directa", indicaron fuentes cercanas a la investigación. La frialdad con la que se perpetró el crimen, y el hecho de que no se llevaran ningún objeto personal, refuerzan esa teoría.
Las primeras pericias indican que los disparos fueron realizados a corta distancia. Además, se investiga si la víctima fue interceptada en la calle o si fue llevada allí intencionalmente antes de recibir los disparos. La brutalidad del ataque, con 17 disparos realizados y seis impactos efectivos, evidencia un grado de violencia desmedido.
El círculo social de Sofía, o Liliana, era pequeño. Se mantenía aislada. Los pocos que compartían momentos con ella la describen como "cerrada" y "muy desconfiada". Esa actitud, según comentan ahora, podría haber sido una forma de protección ante una amenaza que la acechaba desde hace tiempo.
El cambio de identidad fue su último recurso. Quiso dejar atrás su pasado, o al menos disimularlo, pero eso no fue suficiente para salvar su vida. El miedo, que durante años fue su compañero silencioso, terminó convirtiéndose en una trágica profecía.
La búsqueda de J.R. continúa con operativos en distintas zonas del conurbano y también en la frontera con Paraguay. La Policía trabaja con la posibilidad de que el sospechoso haya intentado huir del país tras el crimen. Se emitió una orden de captura internacional, mientras la fiscalía toma nuevas declaraciones para reconstruir los últimos días de la víctima.
Al mismo tiempo, se intenta determinar si alguien del entorno sabía su verdadera identidad y si recibió algún tipo de amenaza reciente. Los investigadores no descartan que el crimen esté vinculado a causas pasadas o a personas con las que tuvo conflictos judiciales.
El crimen de Liliana Cháves no solo reveló una historia de violencia y ocultamiento, sino que también desnudó el clima de inseguridad que se vive a diario en Virrey del Pino. Vecinos denuncian que la zona está cada vez más abandonada, sin presencia policial y con hechos delictivos frecuentes.
"Acá ya nadie duerme tranquilo. Lo de Sofía fue el colmo. Nadie imaginaba algo así", expresó una mujer que vive a pocas cuadras del lugar del asesinato. La calle Newton, donde ocurrió el crimen, quedó marcada como un punto negro del barrio.
Mientras tanto, los vecinos exigen mayor presencia de las fuerzas de seguridad y acompañamiento psicológico para quienes convivieron con la víctima. Muchos de ellos, al enterarse de su verdadera identidad, quedaron en estado de shock.