Cada aniversario, cada fecha significativa, reactiva el dolor. “Te extraño, mi vida”, agregó Graciela en su publicación. No hay discurso político ni judicial que pueda suplir la ausencia cotidiana de un hijo.
El crimen que marcó a una generación
El asesinato de Fernando no fue un caso más. Se transformó en símbolo de discusiones urgentes: la violencia grupal, el consumo de alcohol, la cultura del “pacto de silencio” y la responsabilidad penal en hechos cometidos en patota.
Durante el juicio oral, desarrollado en Dolores, se reconstruyó cómo el joven fue golpeado cuando ya estaba indefenso en el suelo. Las imágenes del ataque y los testimonios expuestos en el debate oral resultaron determinantes para el veredicto.
La sociedad siguió cada audiencia con atención. Hubo marchas, concentraciones y pedidos de justicia en distintos puntos del país. El nombre de Fernando pasó a representar algo más amplio: el reclamo contra la violencia ejercida en grupo y la necesidad de sanciones ejemplares.
Las condenas y el fallo histórico
El tribunal condenó a cinco de los acusados a prisión perpetua por el delito de homicidio doblemente agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y por alevosía. Los sentenciados con la pena máxima fueron:
-
Máximo Thomsen
-
Enzo Comelli
-
Matías Benicelli
-
Luciano Pertossi
-
Ciro Pertossi
En tanto, otros tres jóvenes recibieron penas de 15 años de prisión como partícipes necesarios:
-
Lucas Pertossi
-
Blas Cinalli
-
Ayrton Viollaz
El fallo fue confirmado por instancias superiores en la provincia de Buenos Aires, aunque las defensas continúan impulsando recursos judiciales.
Un nuevo capítulo en la Corte Suprema
En las últimas semanas, el caso volvió a ocupar titulares tras conocerse que la defensa de Lucas Pertossi presentó un recurso ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. El planteo solicita la nulidad de la sentencia y la realización de un nuevo juicio oral.
La presentación fue realizada por el abogado Ignacio Nolfi, quien intervino tras el rechazo del recurso extraordinario federal por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. En el escrito se argumenta la necesidad de un nuevo debate con “garantía de defensa técnica independiente y diferenciada”.
El reclamo judicial reabre la expectativa y, al mismo tiempo, revive el dolor de la familia. Cada apelación implica volver a escuchar los detalles del crimen, volver a ver imágenes y revivir la madrugada más oscura.
El duelo que no tiene descanso
Para Graciela y su esposo, Silvino Báez, la vida quedó dividida en un antes y un después. En entrevistas concedidas en estos años, ambos han insistido en que el único consuelo posible es que se mantenga firme la condena y que el caso no quede impune.
El cumpleaños número 25 de Fernando expuso, una vez más, la dimensión humana detrás del expediente judicial. No se trata solo de un fallo, sino de un hijo que no volvió a casa. De un plato vacío en la mesa familiar. De proyectos truncos.
En redes sociales, miles de usuarios acompañaron el mensaje de la madre con palabras de apoyo y recuerdos. La comunidad que siguió el juicio desde el inicio continúa manifestando solidaridad.
La construcción de una memoria colectiva
Con el paso de los años, el nombre de Fernando se convirtió en bandera contra la violencia en grupo. En escuelas y universidades se realizaron jornadas de reflexión. Organizaciones sociales promovieron campañas para fomentar el respeto y desalentar las agresiones en patota.
El caso también motivó debates sobre la responsabilidad de los clubes deportivos en la formación de valores y sobre el rol de los adultos en la prevención de conductas violentas. Aunque no se trata de estigmatizar a una disciplina en particular, la pertenencia de los condenados a un equipo de rugby fue un dato que atravesó la discusión pública.
Un mensaje que resume todo
“Nos quitaron lo mejor de nuestra vida”, escribió Graciela en su publicación. La frase, directa y sin rodeos, resume el sentimiento de pérdida irreparable.
A 25 años de su nacimiento, Fernando no pudo celebrar con amigos ni abrazar a sus padres. La fecha, en cambio, se transformó en un recordatorio del vacío.
El proceso judicial seguirá su curso en los tribunales superiores. La Corte Suprema deberá analizar la admisibilidad del recurso presentado. Mientras tanto, la condena permanece vigente.
Pero más allá de los tiempos de la Justicia, el tiempo emocional corre de otra manera. Para una madre, el calendario no avanza: se detuvo en aquella madrugada de enero.
El reclamo que no se apaga
Cada mensaje público de la familia renueva el pedido de justicia. No es un reclamo abstracto: es la exigencia de que la sentencia quede firme y que el caso no se diluya con los años.
El impacto social del crimen de Fernando Báez Sosa dejó una marca profunda en la Argentina reciente. Generó movilizaciones masivas y un seguimiento mediático sin precedentes para un caso de estas características.
Hoy, el recuerdo de su cumpleaños número 25 vuelve a poner el foco en lo esencial: la vida que fue arrebatada y el dolor que permanece. Un beso al cielo no es solo una frase; es el puente simbólico entre una madre y un hijo que ya no está físicamente, pero cuya memoria sigue presente en millones.