Desde abril, todos fueron llevados por su hermana mayor (madre de 2 niños). La mujer está en pareja con el ahora detenido.
Desde un principio, el hombre (a quien llamaban "papi") dejó en claro sus reglas. Debían limpiar un baño precario, nada de llanto, y podrían comer sólo cuando él así lo resolviera.
En estos cinco meses, era habitual que Miguel Ángel fuese llevado al fondo de la casa y agredido con un rebenque.
Más de un vecino contemplaba la agresión, impotente y con bronca, pero no decían nada. Reacción lógica en Miguel Ángel, el lunes se escapó y movilizó a varias fuerzas policiales.
En las 48 horas de ausencia, los fiscales coparon la casa y escucharon a los demás nenitos. Algunos miraron tímidamente. Otros se animaron y mostraron las escoriaciones que tenían en brazos y rodillas. Fue un golpe fuerte incluso para el equipo fiscal.
Uno de los chicos lloró y desgranó su historia, atribuyéndole al cuñado la autoría de diaria de agresiones, encierros y torturas.