La Policía siempre sostuvo que Phillips llevaba un estilo de vida “no convencional”: sin redes sociales, sin bancos, dependiendo de lo que cultivaba, cazaba o pescaba. También se sospechaba que recibía ayuda de vecinos o familiares, aunque nunca se comprobó.
En las pocas imágenes que se difundieron tras el desenlace, el refugio de la familia parecía salido de una película: una choza improvisada con neumáticos, ramas y lonas, rodeada de armas, una moto, un quad camuflado y víveres básicos.
Campamento
Tom Phillips construyó una vida clandestina con sus hijos que duró casi cuatro años.
Primeras señales: robos y avistamientos
En agosto de 2023, casi dos años después de la desaparición, surgió la primera pista clara: un hombre que coincidía con la descripción de Phillips robó un vehículo Toyota y compró artículos de supervivencia en dos tiendas locales. Compró linternas, botas de goma y otros elementos que reforzaban la teoría de que vivía en campamentos ocultos.
Un año después, en octubre de 2024, dos cazadores lo vieron caminando con sus hijos por tierras agrícolas de Marokopa. Lo grabaron en video, pero al percatarse de que llevaba un arma, decidieron no intervenir y alertaron a la policía. Se desplegaron helicópteros y equipos de búsqueda, pero el padre y los menores desaparecieron nuevamente entre la maleza.
Tom Phillips construyó una vida clandestina con sus hijos que duró casi cuatro años.
En agosto de 2025, cámaras de seguridad lo captaron junto a uno de sus hijos intentando forzar la entrada de una tienda en Piopio. La alerta nacional volvió a encenderse: Phillips no solo seguía con vida, sino que había arrastrado a los niños a una dinámica cada vez más peligrosa.
El trágico desenlace
El lunes 8 de septiembre de 2025, todo terminó. Phillips intentó un nuevo robo armado en una zona rural cercana a Piopio. Estaba acompañado por una de sus hijas cuando la Policía lo interceptó. En el tiroteo, Tom Phillips fue abatido. La menor salió ilesa.
Un oficial resultó herido de bala en la cabeza y fue trasladado de urgencia al hospital. La subcomisionada interina de la policía, Jill Rogers, describió el hecho como “un incidente profundamente traumático en un pequeño pueblo rural”.
Fuga de Tom Phillips
Tom Phillips construyó una vida clandestina con sus hijos que duró casi cuatro años.
Horas después, los otros dos hijos fueron encontrados en un campamento improvisado a unos dos kilómetros del lugar. Estaban ilesos, aunque visiblemente afectados por las condiciones extremas. Hoy permanecen bajo protección estatal y reciben asistencia psicológica.
La voz de la madre
La madre de los niños, Catherine, se expresó públicamente tras el dramático desenlace. “Nos sentimos profundamente aliviados de que para nuestros niños esta dura experiencia haya llegado a su fin. Los hemos extrañado muchísimo cada día durante casi cuatro años y estamos deseando darles la bienvenida a casa con amor y cariño”, declaró a Radio New Zealand.
Sus palabras reflejan el desgaste emocional de una familia atravesada por la incertidumbre. Durante casi cuatro años, Catherine reclamó a Tom que devolviera a los niños. Sin embargo, el hombre nunca dio señales de querer entregarse.
¿Cómo sobrevivieron?
El misterio que rodea la historia de Phillips se concentra en un punto: ¿cómo logró mantener con vida a tres niños durante tanto tiempo en condiciones tan adversas?
Los expertos apuntan a varios factores:
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Su conocimiento del terreno, ya que creció en la zona.
Sus habilidades de caza y pesca, que le permitieron proveerse de alimento.
Posibles ayudas puntuales de personas cercanas, aunque nunca se comprobó.
La improvisación de campamentos móviles, que le daban ventaja frente a los operativos policiales.
Aun así, la precariedad era evidente: las chozas eran endebles, y en los allanamientos se encontraron restos de alimentos básicos, bebidas gaseosas, bidones de gas y armas rudimentarias.
La construcción de un mito
El caso Phillips dividió a la opinión pública en Nueva Zelanda. Para algunos, era un padre desesperado que actuó para no perder a sus hijos. Para otros, un fugitivo irresponsable que los expuso a un enorme peligro.
Su nombre apareció en canciones, en foros de internet y hasta en debates políticos sobre la efectividad de la policía rural. La recompensa por su captura llegó a 80.000 dólares neozelandeses, pero ni siquiera eso logró romper su círculo de ocultamiento.