Con el avance de la investigación, se conoció un dato estremecedor sobre cómo ocurrió el crimen. Según reveló una fuente judicial a medios nacionales, Rufo habría utilizado una almohada para tapar la cabeza del niño y asfixiarlo.
El informe preliminar de la autopsia confirmó que la causa de muerte fue “asfixia por compresión extrínseca de cuello”, lo que coincide con la hipótesis de un homicidio planificado y ejecutado de manera violenta.
Los investigadores no descartan que el asesinato haya sido motivado por un sentimiento de venganza contra la madre de Joaquín, dado que la relación de pareja entre Rufo y Ciak estaba en crisis.
De acuerdo a lo que trascendió en la causa, el matrimonio atravesaba una etapa de conflictos severos. Voceros judiciales aseguraron que Natalia había manifestado su decisión de separarse de Rufo, lo que habría detonado la tragedia.
En declaraciones, una fuente cercana explicó: “El matrimonio venía con problemas de pareja y la señora se quería separar”.
Lo llamativo es que los investigadores descartaron que Rufo tuviera antecedentes psiquiátricos. “No hay nada que indique que el sospechoso era psiquiátrico”, señalaron, echando por tierra la hipótesis de que el crimen hubiera sido consecuencia de un brote psicótico o de una enfermedad mental diagnosticada.
Esto refuerza la idea de que el acto fue premeditado y consciente, lo que agrava la situación judicial del imputado.
Cuando los médicos determinen que el acusado se encuentra en condiciones de declarar, será formalmente indagado por el delito de “homicidio agravado por el vínculo”, una de las figuras más graves del Código Penal argentino, que prevé prisión perpetua como condena.
La causa quedó en manos de la fiscal Fabiola Juanatey, quien ya cuenta con los resultados preliminares de la autopsia y con testimonios de allegados a la familia que confirman la conflictiva relación de la pareja.
Mientras la justicia avanza en su trabajo, el costado más humano y desgarrador del caso se hizo visible en las redes sociales. Natalia Ciak, madre del pequeño Joaquín, escribió mensajes de dolor y bronca dirigidos al padre de su hijo.
En un posteo, expresó:
“Asesino, me sacaste la vida por creer que sos un ser superior. Tenías que ser hombre, irte después de tanto maltrato verbal y violencia verbal”.
En otro mensaje, aún más contundente, sentenció:
“Te vas a pudrir en la cárcel, te lo juro por Joaco que, en esto, no tenía nada que ver. Enfermo, vos todo y todo tu séquito”.
Las publicaciones rápidamente se viralizaron y recibieron miles de mensajes de apoyo y condolencias de usuarios que, conmovidos por la tragedia, acompañaron virtualmente a la madre.
El crimen generó una ola de indignación en Lomas de Zamora y en toda la provincia de Buenos Aires. Vecinos, organizaciones sociales y referentes en la lucha contra la violencia familiar reclamaron justicia y pidieron que casos como este sean tomados como una señal de alerta urgente.
El hecho abrió nuevamente la discusión sobre cómo el sistema de justicia y los organismos estatales pueden prevenir tragedias vinculadas a conflictos de pareja, especialmente cuando hay niños en el medio.
Expertos en derecho de familia sostienen que muchas veces, cuando una relación se rompe, los hijos quedan en una posición vulnerable ante padres que utilizan la violencia como forma de venganza. “Este caso es una muestra dolorosa de cómo la violencia machista puede adoptar la forma más extrema: la del filicidio”, explicó una abogada especialista en género consultada por la prensa.
Lamentablemente, lo ocurrido con Joaquín no es un hecho aislado. En los últimos años, Argentina ha registrado varios casos de padres que asesinaron a sus hijos como forma de castigo hacia sus exparejas. Estos episodios, conocidos como “filicidios por venganza”, han encendido alarmas en el ámbito judicial y social.
El asesinato de Joaquín vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reforzar políticas de prevención, asistencia psicológica y acompañamiento a las familias que atraviesan procesos de separación conflictivos.
Mientras Rufo permanece internado bajo custodia policial, la comunidad de Lomas de Zamora intenta asimilar lo ocurrido. Las muestras de solidaridad hacia Natalia se multiplican, pero el dolor por la pérdida de un niño inocente parece imposible de reparar.
El caso avanza en la justicia, pero también queda grabado en la memoria colectiva como una de esas tragedias que sacuden, interpelan y obligan a reflexionar sobre el lugar de los niños en medio de la violencia de pareja.