En el lugar murieron Carmen Techeira, de 44 años, madre de Astrid; David Techeira, de 30 años, hermano de Carmen y tío de la joven; y Gabriela Liz, de 20 años, junto a Omaira Ruth Martínez, de 17, las dos hermanas de Astrid. Ella fue la única que logró ser rescatada con vida, aunque con heridas gravísimas.
Desde ese momento, Astrid quedó internada en estado crítico, con pronóstico reservado. Las quemaduras afectaban casi la totalidad de su cuerpo, lo que obligó a los médicos a inducirla a un coma farmacológico y a realizar intervenciones constantes para estabilizar sus signos vitales.
“El cuadro era extremadamente delicado desde el primer momento”, indicaron fuentes médicas. La extensión de las quemaduras, sumada al compromiso de órganos vitales, reducía significativamente las posibilidades de recuperación.
Durante los días posteriores al accidente, el hospital se convirtió en un punto de encuentro silencioso para allegados, amigos y docentes que aguardaban cualquier novedad. Cada parte médico era seguido con atención, aunque el pronóstico nunca dejó de ser crítico.
En paralelo, la historia de Astrid comenzó a circular con fuerza en redes sociales. Mensajes de aliento, cadenas de oración y publicaciones pidiendo por su recuperación se replicaron desde distintos puntos del país. La joven se transformó en un símbolo de lucha, en medio de una tragedia que había borrado de un golpe a casi toda su familia.
Sin embargo, con el paso de las horas, el estado de la adolescente fue deteriorándose. Las complicaciones propias de las quemaduras severas, las infecciones y el impacto general en su organismo terminaron inclinando la balanza hacia el desenlace más temido.
Tras confirmarse el fallecimiento, el colegio en el que estudiaban las mellizas difundió un emotivo comunicado que reflejó el impacto que la noticia generó en la comunidad educativa. Las palabras, cargadas de dolor y sensibilidad, buscaron abrazar a estudiantes, docentes y familias atravesadas por la pérdida.
“Con el corazón roto y una profunda tristeza que nos invade como institución, el equipo directivo, cuerpo docente y no docente de la ESRN N°1 lamenta informar el fallecimiento de nuestra querida estudiante Astrid Raquel Martínez”, expresaron en el mensaje oficial.
El texto continuó con una frase que resume el sentimiento colectivo: “No hay palabras suficientes para abrazar tanto dolor, pero nos queda el consuelo de haber estado unidos por ella hasta el último momento”.
En otro tramo del comunicado, la institución se dirigió especialmente a los jóvenes que compartieron aulas, recreos y proyectos con Astrid y Omaira, las hermanas que hoy ya no están.
“Queremos hablarle especialmente a cada joven que compartió el camino con Astrid y Omaira. Sabemos que esta noticia llega en medio del receso, lejos de las aulas y de sus amistades”, señalaron.
Y agregaron: “Aunque hoy no estemos juntos en los pasillos, queremos que sepan que no se encuentran solos en su pesar. La distancia de las vacaciones no rompe el lazo que nos une como escuela”.
El mensaje cerró con una invitación a la memoria y al afecto: “Les abrazamos a la distancia y les invitamos a recordar la dulzura y la sensibilidad que ellas siempre brindaron; que esos recuerdos sean un refugio en sus hogares hasta que volvamos a encontrarnos”.
La muerte de Astrid no solo representa la pérdida de una adolescente con toda una vida por delante, sino también el final de una historia familiar marcada por la tragedia absoluta. En cuestión de minutos, una madre perdió la vida junto a tres de sus hijos y su hermano, dejando un vacío imposible de llenar.
Vecinos, conocidos y autoridades locales expresaron su pesar y acompañamiento. El caso volvió a poner en agenda la violencia de los accidentes viales, la importancia de la prevención y la necesidad de reforzar las medidas de seguridad en rutas provinciales y nacionales.
Mientras tanto, en Paraná y en la comunidad educativa que vio crecer a las hermanas Martínez, el duelo recién comienza. Las aulas volverán a abrir sus puertas con ausencias imposibles de ignorar, con bancos vacíos que recordarán la fragilidad de la vida y la crudeza de lo inesperado.
Astrid Raquel Martínez luchó hasta el final. Su historia quedó grabada como símbolo de resistencia, pero también como recordatorio de una tragedia que jamás debió ocurrir.