“Estuvo todo el lunes dando una mano, sin descanso”, contó uno de los voluntarios que compartió tareas con él. “Nadie imaginó que horas después iba a pasar esto”, agregó conmovido.`
Con el avance del fuego y el clima de incertidumbre que reinaba en la zona, Mariscurrena tomó la decisión de autoevacuarse. Cerca del final del lunes, regresó al camping donde trabajaba, cargó algunas pertenencias esenciales, subió a su perro al vehículo y emprendió viaje rumbo a El Bolsón, buscando resguardarse y descansar luego de una jornada extenuante.
La Ruta 40, a esa hora de la madrugada, se encontraba oscura y con escaso tránsito, aunque atravesada por la preocupación generalizada que generan los incendios y los movimientos constantes de evacuados, brigadistas y vehículos de emergencia.
Por causas que aún se encuentran bajo investigación judicial, alrededor de las 5:40 de la mañana del martes, el automóvil que conducía Mariscurrena protagonizó un choque frontal en el kilómetro 1910 de la Ruta 40, a la altura de Las Golondrinas, en la intersección con la calle Los Cipreses.
El impacto fue contra otro vehículo en el que viajaba una pareja que se dirigía desde la Comarca Andina hacia Trelew. La violencia del choque fue tal que Mariscurrena murió en el acto, sin que los servicios de emergencia pudieran hacer nada para salvarle la vida.
Personal policial, bomberos voluntarios y ambulancias acudieron rápidamente al lugar, alertados por otros automovilistas que circulaban por la zona. El tránsito quedó interrumpido durante varias horas mientras se realizaban las pericias correspondientes.
Entre los detalles que más impactaron a quienes llegaron al lugar del siniestro se encuentra la imagen del perro de Mariscurrena, que sobrevivió al choque. Según relataron testigos y rescatistas, el animal permaneció junto al cuerpo de su dueño, sin moverse, hasta la llegada de los equipos de emergencia.
La escena generó una profunda conmoción entre los presentes. “El perro no se quería ir, se quedó ahí todo el tiempo”, relató un bombero. Finalmente, el animal fue resguardado y quedó bajo cuidado de vecinos de la zona, a la espera de que se defina su destino.
Las dos personas que viajaban en el otro vehículo involucrado en el choque resultaron heridas y fueron trasladadas de urgencia a centros de salud de la región. De acuerdo con la información brindada por el Ministerio Público Fiscal, una de ellas sufrió lesiones de gravedad, mientras que la otra presenta heridas de carácter leve a moderado.
La Fiscalía inició una investigación para determinar las causas exactas del accidente. Entre las hipótesis que se analizan se encuentran las condiciones de visibilidad, el estado de la calzada, el cansancio del conductor y posibles maniobras imprudentes, aunque por el momento no se difundieron conclusiones oficiales.
La muerte de Adolfo Mariscurrena generó una ola de mensajes de dolor, respeto y reconocimiento en redes sociales. Vecinos, brigadistas y organizaciones locales destacaron su compromiso solidario y lamentaron que haya perdido la vida luego de haber pasado el día ayudando a combatir el fuego.
“No murió solo en un accidente, murió alguien que estuvo cuidando a todos”, escribió un vecino de Puerto Patriada. Otros lo definieron como “un héroe anónimo de la Comarca”, una expresión que se repitió en distintos mensajes.
En medio de la emergencia por los incendios, su historia se convirtió en un símbolo del esfuerzo silencioso que realizan cientos de personas que, sin ser profesionales, se ponen al frente de situaciones extremas para proteger a su comunidad.
El caso de Mariscurrena vuelve a poner en foco el enorme desgaste físico y emocional que provoca una emergencia ambiental de esta magnitud. Jornadas extensas, pocas horas de descanso, estrés constante y decisiones tomadas bajo presión forman parte del día a día de brigadistas y voluntarios.
Especialistas en seguridad vial y emergencias advierten que el cansancio extremo puede ser un factor determinante a la hora de conducir, especialmente durante la madrugada. En este sentido, el accidente reabre el debate sobre la necesidad de mayores protocolos de cuidado para quienes colaboran en situaciones críticas.
En la Comarca Andina, la tragedia se vive como una doble pérdida: la de un vecino querido y la de un colaborador activo en la lucha contra el fuego. Su fallecimiento se suma a un contexto ya atravesado por la angustia, las evacuaciones y el temor por el avance de las llamas.
Mientras continúan las tareas para controlar los incendios y la Justicia avanza con la investigación del choque, la figura de Adolfo Mariscurrena queda grabada como la de un hombre común que decidió ayudar, incluso sabiendo los riesgos.
El destino quiso que su último trayecto fuera por la misma región que había defendido horas antes. Volvía cansado, con su perro, después de darlo todo, y encontró la muerte en una ruta que a diario recorren miles de personas.
Hoy, su historia se suma a las tantas que dejan las emergencias: relatos de solidaridad, de compromiso y también de tragedias inesperadas. En la Comarca Andina, su nombre ya no es solo el de una víctima de un accidente vial, sino el de un voluntario que murió después de combatir el fuego.