Un adolescente de 14 años fue asesinado el domingo por la noche de un disparo en la cabeza cuando estaba dentro de su casa, ubicada en un pasillo de viviendas precarias en Ayacucho al 6700, en la zona sur de la ciudad de Rosario.
Un adolescente de 14 años fue asesinado el domingo por la noche de un disparo en la cabeza cuando estaba dentro de su casa, ubicada en un pasillo de viviendas precarias en Ayacucho al 6700, en la zona sur de la ciudad de Rosario.
El homicida, según declararon los testigos, llamó a la víctima por su nombre y cuando el adolescente se asomó, le disparó.
Los vecinos de la zona hablan de una guerra de bandas por el narcomenudeo que afecta a toda la barriada. En lo que va del año, en Rosario ya ocurrieron 20 homicidios que involucraron a menores de edad.
Adriano Palacios tenías 14 años, vivía con su madre y hermanos más chicos en una casa humilde ubicada en el ingreso de un pasillo de Ayacucho al 6700. Este domingo, la familia abandonó la vivienda, ahora escenario del crimen.
Vecinos del barrio Molino Blanco coincidieron en que Adriano Palacios era un adolescente conocido por todos y que fue asesinado en un contexto de violencia vinculada al narcomenudeo.
Algunos aseguraron que Adriano se había quedado solo en casa, donde vendía drogas bajo las órdenes de un grupo determinado que había entrado en conflicto con otro por la disputa de ese punto de venta. Otros aseguraron que el adolescente y su familia habían sido desalojados de esa casa por una banda muy nombrada en la zona y que, días atrás, Adriano había vuelto para recuperarla y que lo mataron como represalia.
Según la versión preliminar difundida por el Ministerio Público de la Acusación (MPA), fue cerca de las 20 horas del domingo cuando al adolescente lo llamaron por su nombre y le dispararon en la cabeza. El lugar del hecho deja claro que Adriano recibió el disparo dentro de su casa, donde cayó al piso y murió en el acto.
Los peritos encontraron 8 vainas servidas calibre 9 milímetros. Al revisar el cadáver, el médico mencionó la posibilidad que el disparo que haya sido efectuado con el arma apoyada en la cabeza de la víctima. Según los vecinos, el homicida llamó al adolescente por su nombre y le tiró desde una ventana que da al pasillo.
"Después, antes de irse, dispararon para todos lados como para meter miedo", contó un joven. En el pasillo, sobre la pared de un kiosco y sobre unas chapas, quedaron las marcas de esa ráfaga de tiros que los agresores efectuaron previo a la fuga.