Según las imágenes de la cámara de seguridad del edificio, se observaba que la letrada tocó timbre a las 21.40 y pocos segundos después se acercó el presunto sicario vestido con un jean y un buzo con capucha y se ubicó detrás de ella.
El hijo de Naged demoró tres minutos en bajar a abrir la puerta y cuando abrió este hombre pidió permiso para pasar porque dijo que era un vecino que había olvidado sus llaves.
A los investigadores les llamó la atención que mientras esperaba en la puerta, la abogada en ningún momento giró su vista para ver al hombre que tenía detrás suyo, como si supiera que estaba allí.
La abogada le dijo a la Policía de la Ciudad que permaneció reunida con Naged Ramírez y su hijo y cuando le abrieron la puerta para que se retire, apareció el sicario en el palier, quien los amenazó con un arma y los obligó a ingresar al departamento.
Luego, el sicario la obligó a maniatar a las víctimas y la encerró a ella en el lavadero, tras lo cual asesinó al mexicano y a su hijo de un balazo calibre 9 milímetros cada uno en la cabeza.
En la escena del crimen, la policía secuestró tres vainas servidas y un cuchillo ensangrentado. Fue la propia abogada quien, con sus gritos, alertó a los vecinos y llamó al 911 desde el teléfono del departamento.
Los pesquisas siempre dudaron del relato de la letrada, ya que no se explican por qué motivo un asesino a sueldo dejó viva a una testigo que puede llegar a identificarlo, cuando fue a cometer un crimen de este tipo.
La defensa de Bonanno
"Me hubiera gustado decir las últimas palabras antes del veredicto, que entiendo que va a ser hoy. Yo lo único que quiero aclarar es que el Estado no puede cometer delitos con el afán de obtener un resultado, una sentencia", dijo la abogada acusada de haber sido coautora de los asesinatos de los mexicanos Naged Ramírez y su hijo John.
Luego, Bonanno se refirió a una serie de peritajes que la incriminaron en el expediente como el análisis de sus teléfonos celulares y los análisis que detectaron presencia de pólvora en una de sus manos y unos pantalones secuestrados en su casa.
"Llevar los teléfonos a Estados Unidos, la pericia de los pantalones que claramente está adulterada, como la pericia de la pólvora en la mano. No creo que se tendrían que permitir todas esas cuestiones. Otras cosa no tengo para decir, le agradezco", concluyó la abogada condenada a perpetua.