"Vamos a monitorear la situación epidemiológica semana a semana" dijeron fuentes de la Casa Rosada que estimaron que "el objetivo ahora es que el nivel de contagios diarios promedios bajen de los casi 6000 actuales, a menos de 4000".
Ese sería el escenario óptimo que en Casa Rosada esperan lograr con la mismas normas protocolares y cuidados del aislamiento social obligatorio frenando las nuevas aperturas escalonadas, que algunos calculan, "podría durar hasta fines del invierno", o sea, "fin de agosto, el mes más del frío más duro".
Consideran en el Gobierno, que de poder bajar a 4000 o al menos frenar la actual aceleración de contagios diarios, permitiría sostener "el actual nivel de ocupación de camas tiene la circulación necesaria para que no aumente el porcentaje" que ponga el riesgo el colapso del sistema sanitario y un aumento de muertes por falta de atención.
En el Gobierno nacional sostienen que la mayor preocupación hoy es que "en CABA el sistema sanitario del sector privado está al borde del colapso, con una ocupación entre el 80 y el 90%".
Mientras tanto, seguirán semana a semana "monitoreado por etapas, qué se puede abrir y qué no, porque también hay que activar la economía", señalaron fuentes cercanas al comité de emergencia que asesora al Presidente y que no descartan que "en una semana se vuelvan a juntar para analizar posibles cambios".
El argumento de no ponerle fecha final a la nueva fase de cuarentena es que "no funciona más en la cabeza de la gente".
Admiten en el Gobierno como lo hizo el propio Presidente que "se van a poner firmes con los controles, porque esto no está funcionando", y atribuyen el mayor nivel de contagios a "los jóvenes que no cumplen con las medidas de distanciamiento" y a "muchos comercios que no están autorizados y volvieron a abrir".
"El mayor problema es no la actividad económica que se realiza con protocolos, sino las reuniones sociales", insisten.
"No funcionó en la fase 1 la responsabilidad social", admiten en Casa Rosada, por eso anunciarían mañana la vuelta de los controles policiales estrictos, sobre todo en los accesos a la Ciudad de Buenos Aires.
Admiten que los controles policiales se relajaron en los últimos días, ante la necesidad de "redistribuir efectivos policiales y federales por el aumento de delitos violentos, pero también porque las fuerzas de seguridad, igual que los trabajadores de la salud, son los más afectados por la pandemia y muchos terminan infectados.