En el barro

"Albertismo" tardío: Alberto Fernández se pone al hombro toda la conflictividad social

En su momento de mayor debilidad y ante un 17 de Octubre fragmentado, Alberto Fernández asume casi en persona los ministerios más explosivos.
Edi Zunino
por Edi Zunino |
Albertismo tardío: Alberto Fernández se pone al hombro toda la conflictividad social

El presidente Alberto Ángel Fernández decidió que los juramentos, esta vez, fuesen a cielo abierto. Parece un hecho que, últimamente, no le estaría importando mucho salir despeinado en las fotos. Como quien dice: si va a ser contra viento y marea, que se note… Lo cierto es que nadie interpretó la llegada de Victoria Tolosa Paz, Kelly Olmos y Ayelén Mazzina al gabinete como un logro presidencial. Ni siquiera como un relanzamiento del Gobierno.

No deja de llamar la atención la súper difundida soledad de las decisiones tomadas para reemplazar, respectivamente, a Juanchi Zabaleta en Desarrollo Social, a Claudio Moroni en Trabajo y a Elizabeth Gómez Alcorta en Mujeres, Género y Diversidad. Está bien que el hombre maneje la lapicera, pero que Cristina Kirchner y Sergio Massa quedaran afuera de asuntos tan delicados sonó a demasiado en ámbitos muy influyentes del Frente de Todos, aunque no tanto como que Vilma Ibarra tampoco supiera nada.

Sobre todo en los casos de Tolosa y Olmos, la imagen que dispuso dar Alberto Fernández es la de una especie de “unabomber”. Casi como si, al designar en esas “sillas eléctricas” a dos mujeres de su confianza, se pusiera él mismo como garante de última instancia frente al incierto devenir de la conflictividad sindical y piquetera.

En cuanto a la puntana Mazzina, su situación resistiría consideraciones análogas si se toma en cuenta que el despacho que ya ocupa quedó vacío por el portazo que su antecesora justificó en “la represión, sobre todo contra mujeres” en el conflicto con los mapuches alzados de Villa Mascardi.

Sectores ultra K vienen agitando la idea de que “un gobierno peronista no hace esas cosas”. La propia Cristina había usado su alegato en el juicio oral por el Caso Vialidad para señalar: “No son los gobiernos de nuestro signo político los que reprimen a los trabajadores y a los pobres”.

Vayamos por partes. Victoria Tolosa Paz acaba de hacerse cargo de un ministerio que se considera “loteado” por distintas agrupaciones, desde los movimientos sociales más cercanos al Presidente a La Cámpora y su radio de influencia. Ello espantó al massista Daniel Arroyo y acabó por agotar la paciencia de Zabaleta, que prefirió volver al barro de Hurlingham y mantener su cargo de intendente conurbano a sucumbir el tira y afloje de una madeja de planes sociales que, en el fondo, nadie querría desenredar del todo.

Lo primero que recibió Tolosa, ni bien entró al despacho en la torre adornada por dos gigantografías de Eva Perón, fue un pedido urgente de reunión por parte de la Unidad Piquetera que comanda el obrerista Eduardo Belliboni. Lo segundo fueron críticas a Zabaleta por haber sido “más massista que Massa” en la pretendida depuración y disminución de los subsidios populares. A buena entendedora…

A Kelly Olmos, por su parte, le toca comandar la dependencia más crítica en cuanto al genético equilibrio político-gremial de un gobierno peronista. Tiene clarísimo que, a Moroni, el moyanismo y los camporistas -corridos por izquierda en el conflicto del neumático- no le perdonaron la “ineficacia” ni cuando confirmaron que está delicado de salud. Y le toca administrar un período paritario de locos, atizado por una inflación del 100% al cabo de 2022.

Aparte, será la ministra de Trabajo de este 17 de Octubre con la CGT y el propio FdT fisurados por sus contradicciones intestinas. Habrá que ver qué tiene para sumarle la ministra a la deteriorada cintura política presidencial. Por lo pronto, su propia veteranía le permite, aparte de conocer bien a todos los “muchachos”, que ellos mismos sepan de su estilo frontal y de mano dura forjado en la vieja Guardia de Hierro.

Una especie de “albertismo tardío” estaría pretendiendo instalarse desde la Casa Rosada, cuando falta prácticamente un añito para el fin del mandato. Los intentos previos no llegaron a cuajar por diversas razones, ajenas, propias y de convivencias internas.

Ahora, tal como están las cosas, una movida reeleccionista tiende a provocar menos inquietudes que ternura o, a lo sumo, risitas nerviosas. Siempre queda incólume, sin embargo, el mito de que al peronismo nunca se lo debe considerar derrotado, porque “nadie muere en la víspera” y demás razones por el estilo. Aun así, hoy por hoy, todo parecería depender más bien de rezarle a San Massa o prepararse para un explosivo “sálvese quien pueda” que podría tener al mismísimo Presidente de la Nación como fusible de cabecera.