De eso habían hablado la noche anterior en una reunión a solas en la embajada argentina en Roma, Guzmán y Georgieva y quedaron en continuar las negociaciones para una extensión del plazo de la deuda la semana que viene -entre el 12 y el 17 de este mes- cuando llegue a Buenos Aires la primera misión del Fondo con el nuevo Gobierno.
Pero el apoyo del Congreso a la ley de restauración de Sustentabilidad, que el Senado terminó sancionando este miércoles y le dió vía libre al Ejecutivo para negociar la deuda externa, fue otra de las cartas ganadoras que mostró Fernández ante los acreedores que terminó inclinando la balanza hacia un resultado positivo de la primer gira presidencial, según estimaron en la comitiva que acompaña a Fernández.
Con esta especie de “equilibrio” Alberto regresa con un balance de una gira que mezcló por igual el posicionamiento político del nuevo Gobierno ante el mundo -se declaró europeísta y progresista y relanzó las relaciones bilaterales comerciales y culturales estratégicas con los países mencionados- con las gestiones de apoyo al pedido de extensión del plazo de pago de la deuda externa.
Con ese perfil y denunciando la “herencia recibida de Mauricio Macri”, el Gobierno puso como ejemplo el riesgo de default en que quedó la provincia de Buenos Aires y la “voluntad de pagar” pese a la crisis, que demostró el gobernador del principal distrito del país, Buenos Aires, Axel Kicillof.
Ante la falta de acuerdo con un grupo mayoritario de bonistas, terminó pagando el bono por 250 millones de dólares con fondos propios de la provincia, para evitar caer en default en medio de las negociaciones del ministro de Economía, Martín Guzmán a la cabeza.
Esa decisión terminó siendo parte de la estrategia conjunta entre Nación y Provincia de Buenos Aires en el marco de las negociaciones que lleva a cabo Guzmán ante el Fondo y los bonistas privados, que el martes también le dieron la espalda ante la licitación convocada para el canje del bono AF20 por más de 105.000 millones de pesos, que solo logró la adhesión del 10% a la propuesta de prorrogar los pagos a agosto de 2021 con 4 instrumentos de pago.
Con el respaldo de los principales jefes de Gobierno de Europa, Fernández buscó así generar confianza ante los acreedores privados y aventar el tilde de populismo con que lo vinculaba su antecesor, Mauricio Macri en cada cumbre internacional que asistía en medio de la campaña electoral.
La diferenciación de la actual gestión peronista con la última del kirchnerismo quedó clara cuando la el lunes en Alemania la canciller Angela Merkel le preguntó a Alberto durante un almuerzo "¿Qué es el peronismo?”.
"¿Qué es el peronismo? La verdad es que no lo entiendo. ¿Son de izquierda o son de derecha?”, preguntó Merkel la jefa de gobierno más poderosa de Europa, a lo que Alberto respondió con tono moderado que más allá de los significados de "populismo", los peronistas "son quienes mejor administran la economía y el Estado en la Argentina" porque "tienen muy claro a quién representan".
El nombre de la ex presidenta Cristina Kirchner sobrevoló varios tramos de la gira, mientras ella a cargo del Ejecutivo en Buenos Aires cosechó el bajo perfil y ni siquiera apareció en el Senado para presidir la sesión extraordinaria en la que se aprobó la autorización para la renegociación de la deuda.
Alberto le recordó a Merkel que fue jefe de Gabinete cuando Cristina era presidenta y le dijo que le enviaba saludos, mientras que la ubicó en el lugar de una de las mayores líderes mujeres del país junto a Eva Perón, en materia de derechos de la mujer, al compartir una conferencia ante la prensa con Emmanuel Macron.
La otra agenda
Una vez conseguido el apoyo del Papa y los gobiernos Europeos en las negociaciones con el FMI, Fernández terminó la gira en París, con una agenda paralela con empresarios en busca de inversiones y con sectores del mundo académico e intelectual, brindando entrevistas y una conferencia magistral en el Instituto de Estudios Políticos de París y el Observatorio Político de América Latina y el Caribe de Sciences Po.
Antes de partir este jueves de regreso a Buenos Aires, Fernández se reunía con organizaciones de Derechos Humanos Argentinas residentes en Francia (ACAF, Colectivo por la Memoria e hijos), y con empresarios entre otros, el Christel Bories, CEO de Eramet.