La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia sorprendió a las autoridades argentinas en la tarde del domingo. La noticia descolocó a todos y abrió una nueva grieta entre el gobierno en funciones y las autoridades electas.
La renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia sorprendió a las autoridades argentinas en la tarde del domingo. La noticia descolocó a todos y abrió una nueva grieta entre el gobierno en funciones y las autoridades electas.
El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, presentó la renuncia tras 14 años en el poder. Lo hizo luego de que la Organización de Estados Americanos (OEA) denunciara graves irregularidades en las elecciones llevadas cabo el último 20 de octubre y pidiera la anulación de los comicios.
El vicepresidente. Alvaro García Linera, siguió los pasos de Morales y también presentó la dimisión al cargo, con lo cual el poder boliviano quedó en estado de virtual acefalía, en medio de violentas protestas sociales a lo largo y ancho de todo el país.
Anoche se reportaban nuevos incidentes en diversas zonas de La Paz y el Alto. Según trascendió, la casa de un importante dirigente de la Comisión Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) fue incendiada por completo. En tanto, varios colectivos fueron quemados en la ciudad capital y dos canales de televisión debieron cesar sus transmisiones debido a las amenazas que recibieron. Del mismo modo, otros hechos violentos fueron atribuidos a partidarios de Morales.
A ultima hora de ayer, los obispos de la Iglesia católica suscribieron un comunicado de la CONADE y de organizaciones sociales en el cual se afirmó: “Lo que sucede en Bolivia no es un golpe de estado, lo decimos ante todos los ciudadanos bolivianos y ante la comunidad internacional”.
En ese mismo pronunciamiento se hizo un “llamado a la pacificación” y se pidió “no cometer ni responder actos vandálicos”. Por otra parte, se exigió a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas “cumplir con urgencia su rol constitucional de defensa de la propiedad y de las personas, preservando la vida y la libertad de todos”.
Horas antes de su renuncia, Evo Morales había convocado a nuevas elecciones, tras haber sido conocida la denuncia de la OEA. Asimismo, llamó a “bajar la tensión y a respetar la propiedad privada y el patrimonio del pueblo boliviano". En el mismo sentido, reclamó “garantizar la convivencia pacífica”.
Sin embargo, el llamado a nuevas elecciones no fue suficiente para restablecer la calma, ya que Morales había perdido el control de la Policía, y las Fuerzas Armadas se habían declarado neutrales, dejando de responder a su mando.
De ese modo, cercado por las protestas y ante el recrudecimiento del estallido generalizado, Morales se vio forzado a renunciar y dijo que decidió hacerlo “tras escuchar a mis compañeros y a la Iglesia”. En el mismo discurso, afirmó que el país se encontraba ante “un golpe cívico, político y policial”. Y remarcó que Bolivia está “instigado por grupo oligárquicos que conspiran contra la democracia”.
Tras ese anuncio, Morales se refugió en la zona de Cochabamba, donde inició su carrera política y negó toda posibilidad de pedir asilo en otro país. “No tengo que escapar, no he robado nada”.
Finalmente, la vicepresidenta Senado, Jeanine Añez, dijo que es a ella a quien, en virtud de la sucesión de renuncias, le corresponde pasar a ejercer la Presidencia del Estado y convocar al Congreso.
El informe de los veedores electorales señaló una serie de graves irregularidades, entre las cuales sobresalía las anomalías detectadas en el Sistema de Transmisión de Datos Preliminares.
En la noche del 20 de octubre, ese mecanismo sufrió un sospechoso apagón cuando el recuento de votos permitía vislumbrar un balotaje entre Morales y el opositor Carlos Mesa.
Tras estar fuera de funcionamiento durante casi un día, el sistema revivió y le adjudico a Morales el triunfo directo, en primera vuelta.
Los investigadores detectaron que los cómputos fueron desviados a un servidor externo, ajeno a la red oficial. Y se cree que el flujo de datos pudo haber sido manipulado en ese proceso.
Los auditores electorales hablaron de una “clara manipulación” y advirtieron sobre otras irregularidades en la confección de 78 actas, equivalentes al 23% del total. En algunas de esas actas el Movimiento al Socialismo (el partido de Morales) registraba el 100% de los votos.
La renuncia de Morales sorprendió al macrismo y al Albertismo, ya que todos esperaban que el llamado a nuevas elecciones permitiera restablecer el orden y concederle una salida institucional a la crisis.
En la mañana del sábado, Alberto Fernández le había dado un fuerte respaldo a Morales al referirse a él como “el primer presidente boliviano que se parece a los bolivianos” y al afirmar que “en Bolivia hay una clase dominante que no se resigna a perder el poder”.
Ya en la noche del domingo, el presidente electo se manifestó a través de una serie de mensajes en Twitter. En el primero de todos ellos afirmó que “se ha consumado un golpe de Estado producto del accionar conjunto de civiles violentos, el personal policial auto acuartelado y la pasividad del ejército”.
En posteriores mensajes, en la misma red social, Alberto se mostró un tanto mas cauto. Habló de “quiebre institucional” y consideró que el pueblo boliviano debe elegir a su nuevo gobierno “cuanto antes, en elecciones libres e informadas”.
En el mismo sentido se pronunció Cristina Fernández. También por medio de su cuenta de Twitter dijo: “Lo de Bolivia se llama golpe de Estado”.
La vicepresidenta electa también comparó esta dramática situación con la que se atraviesa en Chile donde, según dijo, “masivas movilizaciones piden la renuncia del presidente neoliberal Sebastián Piñeira y las Fuerzas Armadas y policiales reprimen brutalmente”.
A todo esto, la Cancillería argentina emitió un comunicado en el cual fijó la posición del gobierno de Mauricio Macri, en sentido radicalmente opuesto al señalado por Alberto y Cristina.
El comunicado del gobierno en funciones no habla de golpe de Estado y se refiere simplemente a “la renuncia a su cargo como Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia anunciada hoy a la tarde por Evo Morales Ayma”.
“El anunciado llamado a un nuevo proceso electoral, con la anticipada renovación del Tribunal Electoral (…) es el mejor camino para superar, con total transparencia y espíritu democrático, la presente crisis que afecta al hermano pueblo boliviano”, agrega el discreto comunicado de la cancillería argentina.
Es de prever que en las próximas horas el peronismo/kirchnerismo despliegue un respaldo político aún más contundente a Morales, inclusive a través de movilizaciones en la Argentina y por medio de emisarios a Bolivia.
Pero, sobre todo, se abre la posibilidad de que Alberto se disponga a invitar a Evo a su asunción del próximo 10 de diciembre, tal como ya lo hizo con el recientemente liberado Inacio Lula Da Silva. El tercero en la misma lista sería el ecuatoriano Rafael Correa.
Este convite político sería, en los hechos, el primer acto de gestión de Alberto Fernández: un “reperfilamiento” abrupto del alineamiento de la Argentina en la región y un contundente cambio de rumbo en la relación con el mundo.