Console, en ese momento, también ocupaba la secretaría letrada del Consejo de la Magistratura de la Ciudad de Buenos Aires y solía frecuentar los asados políticos organizados por Daniel Angelici.
Stilman fue corriendo a contarle a Carrió lo que le había hecho y su jefa fue tajante: “Te vas ya mismo”. Para Lilita toda esquirla que pueda alcanzar a Angelici es bienvenida.
En esa interna feroz de abogados también terminó perjudicado Enrique Ventos, quien se había encargado con mucha dedicación de acusar por lo investigado en “el Tramo 1” del judicio por el encubirmiento. Es decir, los detalles del pago a Carlos Telleldín para acusar a los policías bonaerenses.
La dimisión de Stilman desató una interna feroz. Era el comienzo del fin.
“No formamos parte ni del amiguismo, ni del nepotismo, ni de encubirmiento judicial alguno”, escribió Carrió en un comunicado que ya en febrero firmaba el comienzo de una guerra que aún se disputa hoy.
Stilman es la abogada de mayor confianza de Elisa Carrió. Una jóven pujante y formada que revisa y controla cada una de las denuncias que luego Carrió teatraliza en los medios. Comenzó asesorándola en el mes de diciembre de 2005 cuando Lilita necesitó un soporte intelectual para sus presentaciones en la Comisión de Asuntos Constitucionales y Juicios Políticos. “También quiero que lleves mis causas pesonales y todos los juicios que me van a meter los amigos de Néstor”, le dijo Carrió en la primera reunión.
Stilman la miró fascinada en silencio. Eran tiempos kirchneristas y Carrió precisaba rearmar su tropa para enfrentar la batalla con aquel oficialismo. Más tarde, en 2007, Stilman escaló dentro de la estructura política de Lilita. Se convirtió en la apoderada de la Coalición Cívica tras cautivar a Carrió con sus conocimientos de derecho electoral y conformación de partidos políticos.
Carrió considera a Stilman como una hija. Y aquella renuncia obligada fue como una daga clavada en medio de su corazón. La venganza llegó ocho meses después de aquella primera batalla que le dio inicio a una guerra que nadie sabe como puede terminar.