La estrategia para enfrentar la crisis económica y el bajo nivel de aceptación en las encuestas del gobierno de Alberto Fernández es echar la falta envido y el quiero vale cuatro desde una interpretación optimista de los resultados registrados hasta aquí en las elecciones provinciales. Si bien hasta ahora ha votado el 13% del padrón electoral, cada actor va leyendo los acontecimientos y recalibrando sus estrategias y discursos.
Las dudas en la oposición
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En Juntos por el Cambio, luego del consenso dentro del PRO de ir con un solo precandidato a las primarias de CABA y con dos para la gobernación de la provincia, Rodríguez Larreta y Bullrich se dedican a sus armados nacionales, enfrascándose en la discusión de la conveniencia o no de llevar listas comunes para intendencias y cargos legislativos.
En cuanto a Javier Milei, luego de confirmar a Victoria Villarruel como su compañera de fórmula, dio a conocer su propuesta electoral, tan disruptiva como sus presentaciones mediáticas y de redes. Parece tener muy claro que para la primera etapa todo pasa por fidelizar el electorado propio y ser más fiel que nunca al personaje que ha construido a lo largo de los últimos años. ¿Modificará su conducta luego de las PASO, confirmando la vigencia del teorema de Baglini (cuanto más cerca las posibilidades de llegar al poder, más se moderan las propuestas de campaña), o perseverará en los énfasis sin demasiados matices que muestra hasta ahora?
A lo descrito hasta aquí deberán sumarse los resultados de las elecciones provinciales a realizarse el mes que viene en Tucumán, Corrientes, Mendoza, San Luis, Chaco, Córdoba y Formosa, y las santafesinas de julio. Hasta ahora, de las ocho compulsas provinciales, en siete y media ganaron los oficialismos. (Contabilizamos como "media" a Neuquén, pues triunfó allí un desprendimiento del hegemónico Movimiento Popular Neuquino).
Este calendario disociado Nación-provincias exigirá un desafío para el próximo presidente, pues deberá cargar con una agenda muy exigente con menos capacidad de maniobra que los estados federales.
Claro que esa debilidad, combinada con un probable escenario de espiralización de la crisis económica, puede ser una oportunidad para iniciar la futura gestión, convirtiendo las amenazas de un potencial colapso en la oportunidad de quebrar un sistema político y económico de vetos cruzados que hasta aquí ha impedido alcanzar las dos demandas más firmes de la sociedad: el crecimiento sostenido y la estabilidad de precios.