En el barro

Efecto Piñón Fijo: qué hacer cuando no quedan referentes intocables

Las encuestas coinciden en que los políticos tienen más imagen negativa que positiva. En la Gestión Massa podría jugarse algo más que la suerte del Frente de Todos.
Edi Zunino
por Edi Zunino |
Piñon Fijo

Piñon Fijo, Mauricio Macri, Cristina Kirchner (Foto: archivo)

Los últimos capítulos de la novela política nacional vienen ocupándose de la interna opositora. Tras largos meses en que el espectáculo estuvo dado por las refriegas constantes entre Cristina Kirchner, Alberto Fernández y la bendita “lapicera”, Elisa Carrió pateó el tablero, saltaron casi todos y hasta se judicializaron los conflictos domésticos en Juntos por el Cambio.

Desde el punto de vista de la dirigencia, el estallido en campo rival del Gobierno se explica por la irrupción de Sergio Massa. ¿Tiene algún poder especial el súper ministro? No. La explicación es más sencilla: podría decirse que tiene más amigos en aquella vereda de la grieta que en la propia, aparte de un rodaje y hasta un discurso más afín con muchos de ellos. El eje Carrió-Macri teme que un corrimiento definitivo hacia el “centro” por parte de los sectores más dialoguistas de la coalición los deje desperfilados o los arroje hacia una marginalidad irremontable.

Visto el panorama desde la sociedad, en cambio, el clima de rencillas constantes y la falta total de resultados para entusiasmarse hizo que, en todas las encuestas, no aparezca un solo dirigente político con más imagen positiva que negativa. Pueden pegar en el poste Facundo Manes y Patricia Bullrich, pero a la hora de medir intenciones de voto para 2023, a nivel personal siguen teniendo más llegada los de peor imagen: Cristina Kirchner y Mauricio Macri. En el caso de la vicepresidenta, las mayorías consideran que debería ser considerada “culpable” al cabo del juicio donde se la acusa de haber sido la jefa de una asociación ilícita.

Dicho extremismo también nos define, aunque las tendencias parecerían mostrarlo en retracción y el fenómeno también podría simplificarse en aquello de que “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Lo cierto es que transitamos una etapa carente de líderes capaces de concentrar la atención y fijar agenda, menos aún de mediano y largo plazo. Tenemos más cosas malas que buenas para decir de quienes nos representan. Vivimos una especie de Efecto Piñón Fijo, donde ya no ni el payaso más tierno merece un aplauso.

Vale recordar que el año que viene se elige presidente. Y que nadie va a tener la cuerda suficiente siquiera para generar las mayorías parlamentarias que le permitan gobernar sin acuerdos. Hace rato que se repite el esquema. El electoralismo permanente -la pelea sin cuartel por los cargos, digo, más que por los proyectos- ha deteriorado, incluso, la calidad de la propia democracia.

En esa dirección, la Gestión Massa puede terminar siendo más beneficiosa para el sistema político en general que para sus ambiciones personales, en particular. Salir ileso de un ajuste, por más acolchonadamente peronista que sea, pinta una misión difícil. Y ahí están los opositores esperando el resultado sin tener que pagar la factura política de los agobios por atrasos de salarios, recortes de gastos y aumentos de tarifas. Según los dirigentes ruralistas que se reunieron con él, Massa les aseguró que no será candidato en 2023.

La oposición más vehemente -llámese Carrió- cuestiona más a los “socios” de Massa que a Massa mismo. Y el ala más “racional” -llámese Rodríguez Larreta- apenas le recrimina que, si el desdoblamiento tarifario de los servicios públicos “era tan conveniente, lo hubieran hecho antes. Están marcando más el territorio de la competencia interna que poniéndole palos en la rueda al ministro.

No la pifió tanto el jujeño Gerardo Morales al comparar a Carrió con Cristina. La vice está siendo el principal escollo para que Massa complete su equipo con un economista en jefe que pueda ordenar la gestión desde la macro y terminar de aplacar los ánimos del “mercado”. Tiene frenada esa designación hasta que el Frente Renovador y La Cámpora terminen de sellar un acuerdo claro para blindar electoralmente el Gran Buenos Aires. Sin eso es imposible soñar con un triunfo, pero tampoco subsistir.