El Gobierno argumenta, con razón, que a ellos los votaron
para gobernar y que tienen derecho a tener su presupuesto. Las políticas
económicas son claras: la prioridad es ir hacia el déficit cero (primario) para
bajar el riesgo argentino, bajar la inflación, generar inversiones, generar
empleo y ser felices (eso lo digo yo).
La oposición plantea (con sus matices) que el ajuste es grande, que eso traerá contracción de la actividad económica, que va a bajar la recaudación (40 mil millones de pesos por cada punto que cae el PBI, calculan), que eso va a obligar a ajustar más o a endeudarse más o a generar más inflación y así sucesivamente. Y por supuesto, no vamos a ser felices (eso también lo digo yo).
En el medio, algunos opositores hacen el siguiente cálculo político. “Si no les votamos el Presupuesto, van a decir que el pueblo no fue feliz por nuestra culpa”. Por eso, aunque todos (dicen que) están en contra, algunos van a darle una mano al Gobierno para que tenga su presupuesto.
Así, no será extraño que durante la jornada de hoy algunos
diputados viajen a sus provincias, o se vayan al baño a la hora de votar o le
pongan el pecho a las balas y lo aprueben aunque no estén muy de acuerdo.
También están en juego las relaciones con las provincias.
Con un presupuesto ordenado (y aprobado) los giros de fondos tienen mayor
fluidez. En cambio, sin presupuesto el Ejecutivo tiene más margen para usar el
dinero a su discreción. No le conviene a nadie.
En Cambiemos creen que los votos fundamentales van a llegar
de la mano de partidos provinciales o semiprovinciales como Misiones, Santiago
del Estero, Río Negro, Neuquén… Quizás Chubut. También descuentan el apoyo de
los salteños (ojo que Javier David con aspiraciones de gobernador difícilmente
vote) y los entrerrianos y chaqueños que responden a sus gobernadores.
El Gobierno tiene dos objetivos. El primero conseguir
rápidamente el quórum para evitar que la discusión se dilate. El segundo,
lograr unos 135 votos para poder mostrarle al FMI un cierto apoyo político a su
programa. El kirchnerismo y el massismo van a rechazar. El peronismo federal
quiere apoyar con lo justo.
La suerte ya está echada. Con el presupuesto se define lo
que puede ser un punto de inflexión en la crisis. Si se aprueba, el Gobierno no
podrá echar culpas en caso de que los resultados no lleguen.