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Los Fernández: una jugada de alto impacto mediático pero de incierto efecto electoral

Hernán Reyes
por Hernán Reyes |
Los Fernández: una jugada de alto impacto mediático pero de incierto efecto electoral

Cristina Kirchner demostró una vez más su capacidad de sorprender a propios y a ajenos con una movida audaz para ganar movilidad y dominar el centro de la escena política. Sin embargo, la decisión de la ex presidenta de ceder el primer lugar de la fórmula presidencial a Alberto Fernández no responde sólo a factores políticos y estratégicos sino, principalmente a motivos personales. El tiempo dirá si fue una jugada magistral o desesperada.

Cristina decidió que no quiere volver a ocupar el sillón de Rivadavia. El anuncio, realizado un sábado por la mañana a través de un video por redes sociales dirigido por el cineasta Tristán Bauer, muestra a la ex presidente como una prócer que relega voluntariamente su ambición personal a un segundo lugar para facilitar la unidad de la oposición y la gobernabilidad.

Sin embargo, aunque el mensaje fue celebrado por su núcleo duro como una nueva gesta heroica, resulta poco creíble que esa haya sido la razón principal de su dimisión.

Una lectura entre líneas permite una segunda interpretación: lejos de ser una expresión de grandeza, la decisión de participar de la elección desde un rol “secundario” expresa la dependencia que tiene el kirchnerismo en la figura carismática de Cristina, la única capaz de garantizar el caudal de votos necesario para alcanzar la segunda vuelta.

Agustín Rossi, Felipe Solá y Daniel Scioli no tenían ninguna posibilidad de éxito electoral. Su “renuncia” a competir por la presidencia no representa más que un acto simbólico.

El candidato más competitivo que tiene Unidad Ciudadana, después de Cristina, es Axel Kicillof. Una encuesta nacional realizada por Reyes-Filadoro en marzo revelaba que en un hipotético escenario electoral con Axel Kicillof como candidato a presidente, Unidad Ciudadana alcanzaba poco más del 20% de intención de voto, muy lejos del 37% que tenía Cristina.

La ex presidente despierta más desprecio que devoción entre los votantes, pero eso no impide que, a pesar de las graves sospechas de corrupción que pesan en su contra, conserve el apoyo de un tercio del electorado y siga siendo la principal líder de la oposición al gobierno de Mauricio Macri.

En octubre de 2018, nuestra encuesta nacional indicaba que un 52% de la población creía que Cristina era culpable de los delitos que se le imputaban; en ese grupo se destacan el 70% de los votantes de Sergio Massa y el 64% de los votantes indecisos que así también lo creían. Esta valoración de los votantes supone un obstáculo a su ambición de trascender a su núcleo duro.

La mayoría de las encuestas previas a su anuncio muestran a Cristina Kirchner liderando la intención de voto pero no está claro que ella pueda superar el techo electoral que tiene el kirchnerismo desde el 2015 cuando Scioli obtuvo el 37%. La decisión de Cristina de pasar a un segundo plano es también una demostración de que no está dispuesta a exponerse a una derrota en un balotaje frente a Mauricio Macri.

A principio de mayo nuestros estudios de opinión indicaban que Cristina podía imponerse en segunda vuelta frente a Mauricio Macri, pero también registraron una mejora en las expectativas y en la valoración de la gestión del gobierno de Mauricio Macri que, de sostenerse, podría complicar las chances del kirchnerismo, especialmente en pleno proceso de un juicio oral y público.

Es muy probable entonces, que la postulación de Alberto Fernández como candidato a presidente obedezca a tres causas. En primer lugar, las motivaciones personales de Cristina: eludir la responsabilidad de una derrota electoral, evitar la presión de hacer campaña en medio de un juicio y/o conservar los fueros en caso de ser encontrada culpable.

En segundo lugar, existe la necesidad estratégica de ganar movilidad y ocupar el centro del tablero, donde se encuentran los votantes indecisos que pueden decidir la elección en una primera o en una segunda vuelta.

En ese sentido, aunque Alberto Fernández no ha demostrado hasta ahora capacidad para atraer votos, su perfil moderado, su conocimiento del funcionamiento del Estado, su experiencia en la gestión de gobierno, su buena relación con el “círculo rojo” y su habilidad como comunicador, lo posicionan como una opción para enfrentar a Mauricio Macri.

De esta forma, Unidad Ciudadana apuesta a una fórmula que combinaría la pasión que moviliza al núcleo duro, con la “razón” que necesitaría para recuperar la confianza del votante “independiente”.

En tercer lugar, la nueva fórmula habilita la incorporación al espacio de otros actores políticos como Sergio Massa, el único dirigente opositor con votos propios.

Recordemos que el kirchnerismo no volvió a ganar una elección desde que Sergio Massa abandonó al gobierno de Cristina Kirchner para construir una alternativa de centro. La mayoría de los votantes de Massa tienen un perfil opositor y podrían inclinar la balanza hacia el kirchnerismo en segunda vuelta. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el electorado massista es volátil y difícil de predecir.

Por último, desde el lado de Cambiemos, el nuevo escenario obliga al gobierno a revisar su estrategia electoral ya que podría perder efectividad la confrontación directa con Cristina.

La ex presidenta intentará ceder protagonismo (no está claro si podrá lograrlo desde el banquillo de acusada) para que Alberto Fernández ataje las balas en la primera línea de combate, una tarea que ejerció con templanza y astucia durante los años que fue Jefe de Gabinete de Néstor Kirchner.

Para aprovechar su oportunidad, Alberto Fernández tendrá que demostrar que puede ponerse al frente del proyecto, ganar el centro y poner en jaque a un adversario que todavía tiene piezas para mover.

Es muy temprano para entender cómo impactará en la opinión pública esta jugada. Si Alternativa Federal logra ordenar su oferta electoral, con Cristina en el banquillo de los acusados, el kirchnerismo podría perder votos a favor de una opción opositora más clara.

(*) Director de la consultora Reyes Filadoro