7 hechos concretos para argumentar mi posición:
1- Ella es la dirigente que más votos aporta para la victoria peronista.
2- Ella es la que designó a Alberto Fernández como candidato a presidente.
3- Ella es la que se autonominó como candidata a vicepresidenta.
4- Ella es la que aprobó cada uno de los regresos al kirchnerismo (Massa, Felipe Solá, Victoria Donda, Chino Navarro, etc).
5- Ella fue 8 años presidenta de la Nación.
6- Ella ya fue la jefa de Alberto Fernández.
7- Ella diseño la mayoría de las listas de candidatos a diputados y senadores.
Si a todo esto le sumamos que una eventual presidencia de Alberto Fernández se va a topar con una situación económica y social tremendamente delicada. Con casi 40 puntos de pobreza, con casi 12 puntos de desocupación, con más de 60 puntos de inflación y con peligro inminente de default… pues entonces, vale preguntarse: ¿con qué grado de libertad gobernará Fernández sabiendo que penderá sobre él una espada de Damocles llamada Cristina Kirchner?
Es cierto que Fernández tiene personalidad. Es cierto que Fernández tendrá lapicera y chequera. Es cierto que el poder ejecutivo es unipersonal. Es cierto que Kirchner se comió a Duhalde en cuestión de meses. Tan cierto como que el país no le dará respiro y Cristina estará preparada para hacerle marca personal. Ante el primer error o desliz, el choque será inevitable. Y, sino preguntale a Freud: ¿por qué tenemos fallidos tan interesantes?