“No es una simple reorganización administrativa, como dice el Gobierno. Es el desmantelamiento del aparato técnico del Estado en favor de un modelo centralizado y orientado a la tercerización y privatización de funciones”, afirmó.
Aleñá desmintió los fundamentos del decreto, que califican a Vialidad como un organismo sobredimensionado y de escasa eficiencia. “Dicen que solo desmalezamos banquinas, cuando en realidad realizamos tareas de bacheo, repavimentación, señalización, control de peso, mantenimiento invernal y muchas más”, explicó.
Además, denunció un vaciamiento deliberado en los últimos meses que deterioró el funcionamiento del organismo, lo cual hoy es utilizado como excusa para justificar su eliminación.
También cuestionó la visión del Gobierno que presenta al sector privado como sinónimo de eficiencia. “El problema no es la ejecución mixta, sino el abandono presupuestario. Las contrataciones privadas no garantizan ni eficiencia ni transparencia. El control estatal es irremplazable”, sostuvo.
La secretaria general del gremio vial también criticó que las decisiones sobre rutas pasen ahora al Ministerio de Economía, lo que, según dijo, “aleja la planificación de los territorios y debilita el carácter técnico y federal de la obra pública”.
En ese sentido, sostuvo que la nueva agencia creada por el Gobierno responde a una lógica fiscalista, sin participación parlamentaria ni respeto por los derechos laborales vigentes.
“El Estado pierde capacidad para planificar obras estratégicas basadas en las necesidades reales de la población. Lo que se impone ahora es una lógica de mercado, donde las inversiones se harán según rentabilidad, no por necesidad social o conectividad federal”, remarcó.
Impacto en las provincias y el empleo público
Finalmente, Aleñá advirtió que la desaparición de la DNV también implica la pérdida de capacidades de control y fiscalización sobre la obra pública. “Vialidad tenía funciones de auditoría, certificación y control de calidad. Sin ella, el Estado queda inerme frente a posibles irregularidades”, alertó.
Y concluyó: “Cientos de distritos perderán presencia operativa y trabajadores calificados. Esto no solo compromete la seguridad vial, sino también la economía local y el empleo público. Están dejando a la Argentina sin soberanía vial”.