A eso se suma la condición de funcionario de Tapia, que es vicepresidente de la Ceamse, el organismo estatal que administra los residuos de Capital y la provincia de Buenos Aires. Macri y Moyano -en una sociedad hoy impensada- lo ungieron en la AFA y ahora vislumbran un frente de tormenta: no es lo mismo una derrota digna en Cuartos de Final contra un equipo de primer nivel que la humillación en primera ronda a manos de Islandia, Croacia y Nigeria. Lo primero es fútbol. El caos es político.
Además, el Gobierno cree que ya generó demasiados trastornos a la sociedad con la corrida cambiaria y la inflación como para encima no poder aprovechar el “veranito” que implican en el país todos los mundiales. Un buen desempeño futbolístico cambiaría los ánimos y garantizaría, por lo menos por unos días, la cohesión social.
Del otro lado de la cancha, y contrariamente a lo que podría pensarse, a la oposición tampoco le serviría que Argentina perdiera. Simple: un final anticipado en Rusia obligaría a todo el sistema político a ponerse en marcha hacia 2019, lo que significa que el peronismo tendría que apurar los trámites para rearmarse. Algo para lo que todavía no están listos.