En el libro “El gorila invisible” se explica que la memoria es una ilusión de lo que queremos recordar y cómo lo queremos recordar. Es probable que los votantes "duros" (¿y "blandos"?) de Macri atribuyan los "errores de gestión" a la herencia recibida o a las corridas por el fantasma de la vuelta de Cristina Kirchner.
El kirchnerismo inició la campaña electoral con una jugada táctica que creyó que le daría la victoria. La cooptación de Sergio Massa parecía darle el empujón final que necesitaba para ganar o intentar ganar en primera vuelta. El gobierno lo primereó unas horas antes de que se anunciara y lanzó que Miguel Pichetto sería el compañero de fórmula de Mauricio Macri. A partir de esa arriesgada jugada todo empezó a cambiar.
El valor real de Sergio Massa y su Frente Renovador no era demasiado grande al final del camino. Poco antes de que se cerrará el libro de pases, una importante encuestadora detectó que el 70% de los votos de Massa se queda en la tercera vía, hoy encarnada en Lavagna. Apenas un 30% lo acompaña a donde vaya. El 30% de 5% no es para entusiasmarse demasiado.
Hay un 20% de la gente que decide a último momento a quién votar: en las últimas 72 horas. Va a ganar el que mejor pueda interpelar a ese votante que no está muy interesado en las discusiones políticas de todos los días.
Para esa gente, cada vez es más importante apelar a un nuevo concepto en campañas políticas que se llama “microsegmentación”. La idea es convencer con algunas ideas a gente que no está en el debate político diario (y que probablemente no esté leyendo esta columna). ¿Cuáles son los temas que les interesan? ¿Qué cosas los hacen vibrar, emocionarse comprometerse? ¿Es la inseguridad, el fútbol, los perros, los hijos, los nietos, el clima, el sexo, la tecnología?
Con el uso de las redes sociales y otras técnicas tecnológicas (o no tanto) una buena campaña puede direccionar el mensaje a cada individuo haciéndole las promesas necesarias; aun cuando puedan ser contrapuestas a las que le va a hacer al vecino de al lado. Cada votante puede recibir un mensaje personalizado por parte de un dirigente que simpatice con sus ideas.
Para hacer todo esto se necesita un grado de sofisticación, de estructura y organización. El PRO (“Juntos”) tiene una cabeza que es Durán Barba y un ejecutor qué es Marcos Peña. Y un líder, Macri, que confía en ellos.
Del otro lado, el “Frente de Todos” tiene un armado más complejo. Todo indica que va haber tres campañas: la de Alberto tratando de convencer de que es distinto; la de Cristina intentando demostrar que es lo mismo; y la de Massa con su Frente Renovador, que por ahora rehúye de las fotos con Cristina Kirchner.
Ese contexto ofrece dificultades a la hora de amalgamar un mensaje y ordenar una campaña. El kirchnerismo perdió cuatro de las últimas cinco elecciones nacionales que disputó. ¿Cuál va a ser la estrategia para revertir la tendencia?
El mensaje de Alberto Fernández, explican en su entorno, va a ser contundente. Va a hablar del fin de la grieta, de unir a los argentinos (“pero en serio”, aclaran). No habrá una crítica abierta a lo que fue la última etapa de la gestión de Cristina. No hace falta, creen. “La autocrítica está implícita en la designación de Alberto”, dicen. Según esta tesis, Alberto Fernández “es la expresión de la autocrítica de Cristina”. Eso mismo representaría Matías Lammens, como candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad.
Los mensajes serán sutiles y propositivos: expresiones a favor del nuevo Indec, aclaraciones sobre el cepo al dólar o el pago de la deuda (que se vieron esta semana) hasta puentes hacia el antes odiado Grupo Clarín. ¿Alcanzará esto para hacer olvidar a los votantes indecisos de los males del kirchnerismo?
A su vez, Juntos por el Cambio tendrá que hacer un esfuerzo para evitar que vuelvan fantasmas del pasado. Antes del cierre de listas tuvieron que salir a aclarar que no habría apellido Menem en las listas de Macri presidente. Esta semana, en un reducido almuerzo en el círculo de Legisladores Pichetto fue recibido por algunos excompañeros peronistas: estuvieron entre otros, Augusto Alasino, Alberto Tell, Remo Constanzo y Alberto Flamarique… todos protagonistas en 2001 del escándalo de las coimas en el Senado. Le prometieron su apoyo pero le pidieron que no abandone los principios del Partido Justicialista. ¿Qué opinará Durán Barba de esto? ¿Qué registro habrá en la memoria de la sociedad sobre estos hechos que pasaron hace casi 20 años?
Los estudios clásicos de política norteamericana decían que
nunca un candidato podría llegar a la presidencia con más del 30% de imagen
negativa. La última elección entre Hillary y Trump demostró que ambos tuvieron
chances con más del 50% de rechazo.
El mismo esquema se repite en la Argentina en esta pelea entre dos líderes, Cristina y Macri, con altísima imagen negativa. Otra vez aparece el dilema: ¿Cuál será el recuerdo qué le molestará más a ese elector que lo único que quiere es que se termine esta larguísima campaña?