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Por qué marcha la CGT: la interna con los Moyano, el posible paro y el desafío de conseguir un candidato presidencial

Nicolás Poggi
por Nicolás Poggi |
Por qué marcha la CGT: la interna con los Moyano, el posible paro y el desafío de conseguir un candidato presidencial

La CGT organiza este jueves la movilización más importante del año (hasta ahora) tironeada por dos necesidades contrapuestas: evitar que el moyanismo los corra por izquierda; pero a la vez evitar mostrarse como responsables de "no dejar gobernar".

Si tenés poco tiempo, acá un resumen de los principales puntos:

  • La CGT está tironeada entre darle un paro a las bases y mantener la gobernabilidad y margen de negociación con el Gobierno
  • No hay futuras medidas en carpeta
  • La Central está muy atomizada: más allá de las discusiones internas, el moyanismo creó el Frente Sindical con un perfil más combativo y le saca fuerza a la CGT
  • Todos los gremios buscan un nuevo gobierno peronista. Los más combativos están alineados a Cristina y en los sindicatos más grandes cobra peso la figura de Lavagna

La CGT es parte de la columna vertebral que construye la gobernabilidad. Sintetiza reclamos de los trabajadores pero también se sienta en la mesa chica a negociar con el Gobierno y muchas veces es el órgano de contención para evitar desbordes.

Este tironeo constante genera un dilema que hoy, en un áspero contexto económico, carcome a la cúpula de la CGT: si van al paro, desahogan a las bases pero le ponen presión política al Gobierno. Si no paran, se planchan aunque consiguen mayor margen para negociar. A este combo, se suma la creciente influencia del moyanismo, parado en la vereda de enfrente.

Hasta ahora, la única medida fuerte que la central tuvo en agenda fue la marcha de este jueves junto a las dos fracciones de la CTA, el Frente Sindical comandado por el moyanismo y las centrales de empresarios pymes.

La medida original surgió de los industriales, los más golpeados por la crisis económica, y luego la CGT decidió acompañar. Para la cúpula, por el momento, es la única reacción prevista.

¿Por qué no quieren parar? Hay distintas versiones:

  • Que un paro implica que le descuenten el día a los trabajadores
  • Que hay un arreglo de paz con el Gobierno a cambio de más caja para las obras sociales ($14 millones que se oficializarían mediante el Boletín Oficial).
  • Que la cúpula está fracturada y eso complica la toma de decisiones. Del triunvirato de unidad quedan sólo dos: en septiembre de 2018, Juan Carlos Schmid renunció a la mesa de conducción y dejó en la central a Héctor Daer y Carlos Acuña, que no tienen ascendencia sobre todos los gremios confederados.
  • Que el peor escenario para la CGT sería lanzar un paro que no tenga suficiente adhesión.
  • Que un paro le haría el juego al moyanismo por un lado y al gobierno por el otro.

“La marcha, por ahora, es marcha, más allá del deseo de algunos”, sintetizó en diálogo con A24.com Andrés Rodríguez, secretario adjunto de la CGT y titular de UPCN. “Todavía no está en absoluto previsto un paro. Un paro puede uno interpretarlo como un desahogo, pero también es una pérdida para el trabajador, se le descuenta el día, pierde el presentismo. No es tan fácil parar. Si mañana se dan las circunstancias para que se de un paro, se verá, pero ahora no”.

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El moyanismo no es de la misma idea. De hecho, ya afilan los cuchillos y preparan un anuncio de paro para después de la marcha. Desde el año pasado, el Frente Sindical del Modelo Nacional (fundado por Smata y Camioneros y acompañado por las CTA) se despegó de la CGT y delineó un perfil más combativo y cercano a Cristina Kirchner.

Desde esa trinchera, Ricardo Pignanelli, titular de Smata, se refirió con cautela a la situación y apuntó a lo que ocurrirá si termina el gobierno de Mauricio Macri: “Tenemos que estar todos dentro de una CGT. Tenemos que empezar a pensar, porque esto no se va a arreglar de un día para otro. Vamos a necesitar una CGT fuerte porque acá lo que se viene no es fácil”.

Los mismo opinó Omar Plani, jefe del Sindicato de Canillitas siempre cercano a Moyano. Consultado por A24.com, juzgó “difícil” que haya reunificación cegetista este año. “Va a ser con el próximo gobierno. No es un problema prioritario que haya distintas corrientes dentro del movimiento obrero. El tema es que haya un nuevo gobierno y que volvamos a tener un gobierno del campo nacional y popular”, apostó.

Los candidatos y las listas

Las negociaciones electorales y los entretelones en la gestación de los candidatos peronistas también ocupan a los popes sindicales que buscan acomodarse en el armado de octubre. Rodríguez reconoció que “diferentes sectores” impulsan a Roberto Lavagna y que hay negociaciones en curso para ubicar a representantes de las CGT en las listas legislativas.

En la opción por Lavagna pareciera haber consenso. Sobre esa chance proyectan, desde tribunas distintas, Schmid y Luis Barrionuevo. "Seguramente va a ser el próximo Presidente", aventuró el gastronómico. Más moderado, Schmid definió la posible incursión electoral del ex ministro de Economía como una “tercera alternativa que devuelva algún margen de consensos".

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Barrionuevo horiz
Barrionuevo horiz

Barrionuevo también dice tener claro que no hay que hacer un paro. "Nos azuzan para que lo hagamos. ¿A dónde vamos con uno, dos o tres paros? Con los años que tengo no quiero ser responsable de que digan que nosotros no dejamos gobernar y por eso se van antes. Hay que sostener esto hasta que se termine su mandato el 10 de diciembre", le dijo a Radio Mitre el fin de semana.

Se mira, claro está, en el espejo de Raúl Alfonsín, que debió soportar 13 paros generales. El contexto no es el mismo, pero el sindicalista promedio apela ahora a esa comparación.

Antes de que empiecen las negociaciones concretas por el armado de las listas, Plani blanquea las aspiraciones de los suyos. “No estamos solamente para agitar, movilizar o tocar el bombo, también para tener representación”, dice. Busca que el sindicalismo tenga “representación” en un Poder Ejecutivo. Discusiones lógicas que podrían encontrar cauce en un eventual gobierno de la oposición.

Si bien nadie lo dice, hay una sensación de que la CGT está buscando terminar el año (como pueda) para barajar y dar de nuevo después de diciembre. Incluso tal vez apelar a una unidad si enfrente se sienta un gobierno peronista.

Un signo de esto es que, con la salida de Schmid, el triunvirato se convirtió en binomio y la Central quedó fracturada. La cuestión es qué pasa si Macri sigue en el poder. Ese es otro dilema.

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