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María Migliore, el ala izquierda del PRO: "La cultura del trabajo no se rompió"

La ministra de Desarrollo Social porteña rechaza la idea del "pobrismo", valora el diálogo con los movimientos sociales y envidia señales de la gestión de Gabriel Boric en Chile.
Edi Zunino
por Edi Zunino |
María Migliore

María Migliore, izquierda PRO: "La cultura del trabajo no se rompió"

Es un personaje poco común. Rara, diría, pero por lo encendida que se la escucha en su elaboración de políticas sociales viniendo, como viene, del macrismo porteño, espacio político gobernante que devino en un larretismo con intenciones de nacionalizarse ahora nomás, en 2023. María Migliore tiene 36 años, es ministra de Desarrollo Social y Hábitat de la Ciudad de Buenos Aires y no encaja para nada en los patrones discursivos que podría sintetizar, por ejemplo, una Patricia Bullrich.

Casi con la misma edad de María, del otro lado de la Cordillera de los Andes acaba de asumir la presidencia Gabriel Boric, referente de una nueva izquierda surgida de terremotos populares inéditos pero que se integró en un frente a los troncos históricos del comunismo y el socialismo chilenos. Así observa ella, que se considera “más que nada hija del 2001”, el proceso vecino: “Lo que me gusta de Chile es que se está dando un recambio generacional y, sobre todo, un gobierno que busca integrar distintas banderas. Esas banderas, primero, reconocen una tradición histórica: en la política siempre se debe continuar procesos, mirar para atrás y ver qué fuimos capaces de construir en términos históricos y cuáles son los desafíos que tenemos pendientes".

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"El gobierno de Boric representa eso y, a la vez, irrumpe con fuerza con banderas como la del feminismo: en el gabinete hay muchas mujeres que marcan un signo muy potente. También está planteando agendas que resultan interesantes, incluso para la Argentina, como por ejemplo que tiene que haber estabilidad macroeconómica para poder hacer transformaciones sociales. Me parece que hay que mirar a Chile desde ahí: las nuevas agendas que irrumpen y fuertes planteos redistributivos”, agrega.

Migliore, que estudió en colegio de monjas y se recibió de licenciada en Ciencias Políticas en la UCA, decide todos los días evitar choques frontales con figuras de su propio partido que atizan prejuicios sociales y buscan representar a amplios sectores que se sustancian ideológicamente en el miedo a la pobreza y la marginalidad. Se dice amiga, por ejemplo, del “peronista republicano” Miguel Ángel Pichetto, con quien ha conversado largamente sobre la teoría del “pobrismo”, que ella rechaza como fórmula, si bien es capaz de desplegar vasos comunicantes para identificar objetivos comunes, como salir de la pobreza y entrar en un proceso de transformación de los planes sociales en puestos de trabajo genuinos.

“Para mí, en la Argentina, la cultura del trabajo no se rompió. Yo camino todos los días los barrios donde me toca trabajar y veo que la gente hace un esfuerzo descomunal por poder salir adelante. Lo que se rompió es la garantía de que, si vos te esforzabas, ibas a poder estar mejor. Eso es lo que tenemos que reconstruir”, dice María, que, a diario, conversa con activistas barriales, curas villeros, mujeres al frente de comedores y llegó a entablar una excelente relación, por ejemplo, con piqueteros como Juan Grabois.

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Cuenta ella: “Tenemos un trabajo articulado con los movimientos sociales, lo cual no quiere decir que estemos siempre de acuerdo. Tenemos una mirada de que el Estado tiene que marcar un rumbo, pero que tiene que llamar a la construcción de las soluciones a todos los actores que son representativos de las dinámicas sociales sobre las que se trabaja. En ese sentido, los movimientos sociales son actores importantes, como lo son las iglesias, las organizaciones del tercer sector y también el sector privado, porque para darle una dinámica productiva necesitamos que esté sentado en la conversación".

"La verdad es que venimos teniendo experiencias de poder generar acuerdos. Muchas veces, cuando se dice esto, puede sonar ingenuo o inocente, pero, por ejemplo, para poner en marcha los procesos de integración urbana pudimos ponernos de acuerdo; la ley de economía social y popular salió con un consenso muy grande de todas las fuerzas políticas. Entonces, yo tengo una mirada de que es posible generar estos acuerdos. Por ejemplo, en 2018 salió la Ley del RENABAP, que es el Registro Nacional de Barrios Populares, gracias al trabajo conjunto de los movimientos sociales, la Iglesia y otros para registrar los barrios y generar un procedimiento para poder intervenir con políticas. Más bien que el consenso no significa que no haya discusiones ni diferencias, pero los problemas de la Argentina son muy estructurales y requieren visiones de largo plazo”, reflexiona.

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Sus explicaciones podrían ser tomadas, por qué no, como parte de una estrategia competitiva con el kirchnerismo y la izquierda, que desarrollan sus propios movimientos sociales y son electoralmente competitivos con el oficialismo porteño. Sin embargo, las últimas elecciones la obligaron a tomar nota de un fenómeno que afectó tanto a Juntos por el Cambio como al Frente de Todos o el FIT: la movida “libertaria” de Javier Milei consiguió una considerable cantidad de votos en barriadas que, al menos desde Adelina D’Alessio de Viola en los 90, no venían sintonizando para nada con las doctrinas de Adam Smith.

Así lo ve Migliore, con calma y sin adjetivaciones rimbombantes: “El sector de Milei vino a representar –y hay que ver cómo evoluciona- ciertas demandas anti sistema. Es un llamado de atención a la política sobre las necesidades de la gente para resolver los problemas concretos. Hay una demanda desde la sociedad a la política muy fuerte para que podamos vivir bien y podamos cada uno desarrollar su propio proyecto de vida. La nota que se debe tomar es esa: cómo construir soluciones transformadoras desde la política”.

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Advierte, sin embargo, que la norma en los conglomerados más pobres de la CABA no pasa por desmarcarse del sistema democrático ni por la violencia expresada estos días frente al Congreso Nacional, durante el tratamiento del pacto con el FMI. “Cualquier acto violento es repudiable”, remata, y reitera que, según su experiencia de todos los días, “el ánimo predominante pasa por salir en base a un esfuerzo monumental”.