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La omisión de Alberto y el desplante de los gobernadores ¿el fin de la cuarentena política?

Esteban Talpone
por Esteban Talpone |
La omisión de Alberto y el desplante de los gobernadores ¿el fin de la cuarentena política?

Los gobiernos no sólo se componen de hechos y palabras, sino también de gestos. Y, en ese contexto, lo que Alberto Fernández le dijo a los gobernadores el sábado último fue que la meritoria decisión del aislamiento social fue suya, pero la responsabilidad de salir de él será de todos. Es obvio, en política, nadie, nunca, quiere tomar el riesgo de pagar el costo absoluto de resoluciones altamente riesgosas.

Los gobernadores emitieron una respuesta rápida y conjunta, que marca el sentido político de esa réplica. Avisaron que no están dispuestos a compartir ese riesgo.

Los cuatro distritos más importantes del país (CABA, provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe) difundieron una resolución unánime, a través de un comunicado único, para confirmar que las cosas seguirán mas o menos como hasta ahora.

Este lunes, el propio presidente debió explicar lo inexplicado: Tras admitir que “hay un punto de tensión” (con los gobernadores) reconoció que debió haber sido mas preciso: “Se me pasó”.

Ese “punto de tensión” tiene un antecedente cercano que pasó casi desapercibido. Es el que se produjo en ocasión de la presentación oficial de la oferta a los bonistas privados para la reestructuración de la deuda externa.

Ese día, la totalidad de los gobernadores fue convocada a Olivos. Muchos de ellos creyeron que iban a hablar de la situación financiera de sus provincias y sobre cómo aplicar una cuarentena administrada que pudiera dar oxígeno a las economías regionales.

Pero, de repente, se encontraron siendo actores de un anuncio sobre el cual previamente sabían poco y nada.

El que más raudamente salió de la quinta presidencial, con gesto adusto y enmudecido, fue el porteño Horacio Rodríguez Larreta, a quien nadie le había avisado que compartiría una mesa con Cristina Fernández de Kirchner en cadena oficial.

En principio, está claro que lo que acaba de llegar a su fin es el consenso general sobre lo que hay que hacer frente a la pandemia. Tampoco en torno a lo que hay que hacer con la economía.

Esto se explica porque una cosa es ponerse de acuerdo en la emergencia para cerrar la economía, frente a la amenaza de una catástrofe sanitaria, y otra es alcanzar un consenso sobre lo que se debe hacer cuando las estadísticas indician que la curva de contagios tiende a aplanarse, el pico de infecciones se corre en el tiempo, las personas fallecidas son menos de doscientas, y gran parte de las camas de terapia intensiva permanecen vacías.

El miedo paraliza, está claro. Pero los gobiernos no se pueden dejar paralizar por el miedo.

Lo que parece no haber es una estrategia programada para decidir que hacer según la evolución de las estadísticas. Lo que hay es un marco de consulta a especialistas y una toma de decisiones acotada a un pequeño grupo.

En este contexto, las diferencias empiezan a emerger al margen de la grieta abierta entre el presidente de la Nación y los principales gobernadores del país.

Esta semana se empezará a discutir, mas concretamente, qué hacer con el congreso de la Nación.

Sergio Massa, el titular de la cámara de Diputados, expresa a los cuatro vientos que el parlamento está abierto y la oposición afirma que no se encuentra en funcionamiento.

Un cruce de similares características se produjo entre la Vicepresidenta y la Corte Suprema de Justicia. Son debates estériles en medio de una crisis que carcome al bolsillo de los argentinos.

Lo que pocos entienden es porque no hay sesiones, ni en Diputados ni en Senadores, ni virtuales ni presenciales. La paralización del parlamento es una característica de la coyuntura política, muchos decretos (con artículos de alta controversia) y ninguna ley para socorrer a los sectores más golpeados.

Una anécdota, casi risueña, marca el escaso entusiasmo que hay en el oficialismo por el reinicio de la actividad parlamentaria.

Durante una de las tantas reuniones que se producen a diario en la residencia de Olivos, Massa le comunicó a Fernández que Diputados está listo para sesionar. “Yo estoy para sesionar, en la cancha de Racing, en la cancha de Tigre, en el Congreso o por teleconferencia”, afirmó. La única respuesta presidencial fue apenas un comentario jocoso: ¿Y en la cancha del Bicho?”.

La falta de acuerdo, entre oficialistas y opositores, entre oficialistas y oficialistas, y entre los mismos opositores (está claro que la estrategia de Rodríguez Larreta no coincide con la ausencia escénica absoluta de dirigentes como María Eugenia Vidal) es una muestra de las dificultades que habrá para salir de la cuarentena y afrontar el necesario proceso de reiniciar la economía.

Lo que la pandemia hizo fue poner en cuarentena el diseño de un plan económico que ya antes de la crisis sanitaria estaba sometido a un dudoso acuerdo por el pago de la deuda externa, en especial por los bonos en manos de privados.

Ahora, a medida que esa cuarentena se empieza a flexibilizar, lo que aflora es el vicio de la falta de acuerdo sobre lo que hay que hacer luego de haber puesto al país en la disyuntiva entre salud y economía. Al final de cuenta, todo, siempre, parece converger en la economía.