Con su cruda y particular verborragia, el dirigente uruguayo José "Pepe" Mujica se lanza cada tanto a endilgarnos a los argentinos las verdades que más nos duelen, a ponernos el dedo en la llaga. Lo hace, fiel a su estilo, sin eufemismos.
Con su cruda y particular verborragia, el dirigente uruguayo José "Pepe" Mujica se lanza cada tanto a endilgarnos a los argentinos las verdades que más nos duelen, a ponernos el dedo en la llaga. Lo hace, fiel a su estilo, sin eufemismos.
La última de sus ironías fue disparada durante una entrevista radial:
De este lado del Río de la Plata podemos enojarnos con él o aceptar el desafío de reflexionar sobre sus palabras.
Lo primero que hay que decir es que Mandrake no es candidato. Por tal motivo vamos a tener que conformarnos con alguna de sus versiones políticas: el propio Mauricio, Alberto, Roberto… en fin.
En segundo lugar, admitamos que el problema tal vez pueda ser que siempre elegimos a un Presidente y luego le exigimos respuestas como a un mago. Cortos de paciencia, tenemos la cacerola a mano.
O nos ilusionamos con un mago que diga las palabras mágicas, como “revolución productiva”, “sintonía fina” o “lluvia de inversiones”.
Uno que haga trucos con la economía. Uno que saque conejos de la galera vacía, donde nunca hubo grandes ideas. Uno que, cuando ya no hay nada por aquí ni nada por allá, haga aparecer al FMI con miles y miles de millones de dólares.
Tercero: reconozcamos que tenemos debilidad por los encantadores. Y cuando sus trucos empiezan a aburrirnos, cuando dejamos de sorprendernos con palomas blancas, también empezamos a chiflar desde la platea.
Pero, lejos de aprender la lección, reiteradamente salimos en busca de un mago cuando estamos con la soga al cuello. Echamos a Cavallo y fuimos a buscar a Cavallo. ¡Somos así!
Tanto somos así que los hinchas de Gimnasia y Esgrima La Plata acaban de ir a buscar a Diego Armando Maradona, un director técnico que apenas puede caminar, para ser salvados de un descenso muy probable.
Por último, me culpa, digamos que nuestra historia está escrita por una sociedad que construye magos y luego, cuando se le acaban los trucos, los corre a patadas del escenario gritando que son brujos.
Pero el próximo 27 de octubre no estaremos votando por un mago, apenas estaremos eligiendo a un Presidente que pueda guiarnos, no sin sacrificios, hacia la salida de la recesión económica, el desempleo creciente y la pobreza extrema.
Es que, a pesar de los consejos de “Pepe”, magos políticos no hay ni de un lado ni del otro de la grieta.