Según el barómteto de la deuda social de la UCA, 5 de cada 10 chicos en Argentina son pobres y al menos uno de ellos está en la indigencia. Y el 13% de los niños de 0 a 4 años se encuentra en situación de “inseguridad alimentaria severa”.
Por otra parte, de acuerdo con un informe recientemente dado a conocer por el Centro para la Evaluación de Políticas Basadas en Evidencia (CEPEC), dependiente dela Universidad Torcuato Di Tella, a 2 de cada 10 chicos menores de cuatro años no les festejaron el último cumpleaños.
En este marco, el plan del presidente electo supone una expectativa positiva frente a una catástrofe humanitaria que exige una respuesta directa e inmediata.
Pero, al mismo tiempo, hay que advertir sobre el costo político de la decepción social, frente a propuestas grandilocuentes que luego puedan diluirse en el aire.
Allí está, para quien quiera aprenderla, la categórica lección que en sentido negativo deja el objetivo de Pobreza Cero, con el cual Mauricio Macri intentó maquillar a partir de 2015 el costo social del ajuste económico.
Marcelo Tinelli, el personaje que más llamó la atención en el consejo de asesores presidenciales, aseguró luego de la cumbre de este viernes en Puerto Madero (¿habrá sido el mejor escenario para un encuentro de estas características?) que “cambia la Argentina y viene un país mejor”.
Hay que decir que son declaraciones riesgosas frente a una sociedad que no parece en condiciones de afrontar otra desilusión.
En política, se sabe, la prudencia no es lo más frecuente. Pero debería ser una muy buena consejera frente a cuestiones en las cuales más allá del fracaso sólo queda el abismo.