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Un programa monetario sueco, pensado en Washington (y testeado en Núñez) para resolver los problemas de la precaria economía argentina

Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Un programa monetario sueco, pensado en Washington (y testeado en Núñez) para resolver los problemas de la precaria economía argentina

Sentados como pares, uno al lado del otro, Dujovne y Lagarde –la jefa del FMI- presentaron el nuevo acuerdo del FMI con la Argentina. Lagarde en español le habló al país.

En total no será mucha plata más: 7 mil millones de dólares adicionales a lo que se acordó en junio. Pero la verdadera noticia es que le va a girar a este gobierno casi 20 mil millones de dólares más durante su (¿primer?) mandato, lo que va a permitir que no tenga que salir a buscar fondos de acá al 10 de diciembre de 2019. No es mal negocio. Lo que venga después, que se encarguen otros. En 2018 habrá 8 mil millones más. 11 mil más el año que viene, el año electoral.

La otra noticia es que esta vez el Fondo va a permitir que se frenen las corridas cambiarias, pero solo en casos excepcionales. Se terminan así los “manejos” que hacía Luis “Toto” Caputo para contener al dólar. Toda intervención será ahora “transparente”.

Esto es parte de lo que desembocó en la renuncia de Caputo que creía en las intervenciones sorpresivas, de acuerdo a las características del mercado argentino; el FMI no. “El acuerdo con el Fondo decía que no se podía intervenir y ‘Toto’ decía que esa cláusula fue pensada para otro contexto. Si tu casa se cae a pedazos tenés que poner revoque”, analizan cerca del expresidente del Banco Central.

Caputo estuvo monitoreando hasta el final todo el acuerdo. Y arregló muchos de los detalles. el nuevo titular del BCRA Guido Sandleris participó de todas las negociaciones también. Las últimas 48 horas (previo a la renuncia de Caputo) estuvo encerrado en el BCRA viendo los detalles finales. Ya sabía lo que le esperaba. La idea era que no pasara lo que le pasó a Caputo: que el nuevo presidente del BCRA no recibiera para ejecutar un acuerdo del que no había participado. Por eso, la renuncia era cantada: “Era acuerdo con el fondo menos 1 (día)”.

Esta vez no es el “programa del Gobierno argentino” como se planteó en el primer acuerdo. Ahora es el programa del Fondo, en todo sentido. Antes era un reaseguro por si había turbulencias. Ahora es el “salvavidas” para la economía argentina.

El anuncio se completó con una conferencia en el BCRA de Guido Sandleris que anunció básicamente que el Central dejará de emitir pesos y que impondrá un “ancla nominal simple y contundente”. Esto implica un “estricto control sobre la cantidad de dinero en la economía”. Traducido: esto es más ajuste.

“La base monetaria (es decir, la guita que habrá en el mercado) solo podrá crecer si hay una clara confianza en el peso”, explicó Sandleris. Y aseguró que eso hará –por sí mismo- bajar la inflación y dará “la previsibilidad de precios que la Argentina necesita”.

Estos programas de contracción monetaria no son nuevos en la Argentina. El propio Javier Milei lo reconoció al conocerse el anuncio: “Este programa se aplicó en la segunda etapa de Martínez de Hoz", dijo.

Se trata en definitiva de un programa que funciona perfecto en el campus “Alcorta” de la Universidad Di Tella, donde Sandleris solía jugar al ping pong con sus alumnos, pero cuyos resultados en la práctica de la economía real argentina aún están por verse. No habrá ni controles ni acuerdos de precios para ayudar a bajar la inflación.

Sandleris no es político y lo demostró en su conferencia de prensa. Habrá que ver si tiene la flexibilidad ideológica necesaria para cambiar su programa monetario (¿y económico?) si no funciona. Por lo pronto, el FMI ya avisó que no será tan flexible.