Las principales cadenas comerciales se habían sumado sin demoras. Disco, Jumbo y Vea aplicaban un 10% de descuento en todos los rubros y un 20% en perfumería y limpieza, sin límites de reintegro. Coto y La Anónima, por su parte, mantenían un 10% sin tope en cada compra, mientras que Josimar sorprendía con un 15% general también sin tope, convirtiéndose en uno de los comercios más buscados por quienes vivían en zonas donde la cadena tenía presencia. Otros supermercados, como Carrefour, ofrecían un 10% en todos los rubros con un tope de $35.000, y Día mantenía un 10% de descuento con un tope por transacción de $2.000, un límite menor pero útil para compras de reposición diaria. Para conocer el listado completo, los beneficiarios debían ingresar a la página oficial, donde el mapa interactivo detallaba cada comercio adherido según localidad.
La clave del programa radicaba en su acceso simple, que no requería inscripción previa ni trámites adicionales. Solo bastaba con pagar con la tarjeta de débito con la que el beneficiario cobraba sus haberes mensuales. De esta manera, el Gobierno buscó evitar demoras o complicaciones que pudieran desalentar el uso del beneficio, consciente de que la población objetivo incluía a muchos adultos mayores con dificultades para navegar sistemas digitales complejos.
La implementación coincidió con un mes especialmente relevante para jubilados y pensionados: diciembre, cuando se acreditaban el aumento del 2,34%, el bono de $70.000 y el pago del medio aguinaldo, tres conceptos que se combinaron para elevar el monto final de los haberes. Esta mejora tenía un impacto variable según el tipo de prestación, pero en todos los casos representaba un alivio frente al avance de la inflación y a la necesidad de afrontar gastos típicos de fin de año, como medicamentos, alimentos frescos, regalos, transporte o compromisos familiares.
La jubilación mínima, por ejemplo, pasó a quedar conformada por $581.319,38, una cifra resultante de la suma entre los $340.879,59, el bono de $70.000 y el aguinaldo. La Prestación Universal para el Adulto Mayor (PUAM) ascendió a $479.055,5, también con la combinación del monto base, el bono y el medio aguinaldo. Para quienes percibían Pensiones No Contributivas por invalidez o vejez, el ingreso quedó en $427.923,56, mientras que la PNC madre de siete hijos igualó el valor de la mínima, alcanzando también los $581.319,38. En contraste, la jubilación máxima trepó a $3.440.695,38, resultado del monto base más el aguinaldo correspondiente.
En un contexto en el que la discusión pública giraba en torno al impacto de la inflación y al rol del Estado en la protección de los sectores más vulnerables, el Programa de Beneficios ANSES fue recibido con expectativas diversas. Desde el Ministerio se sostenía que la política buscaba mejorar el poder de compra de los jubilados mediante un mecanismo directo y concreto que se aplicaba en el punto de venta, evitando intermediaciones o demoras en la acreditación de reintegros. Además, la decisión de incluir descuentos sin tope en varias cadenas reflejaba un intento de brindar cierto margen de maniobra a quienes hacían compras grandes de alimentos o productos de higiene, dos rubros que habían sufrido incrementos significativos en los meses previos.
Para los beneficiarios, el programa representó una oportunidad concreta de ahorrar en compras cotidianas. Las redes sociales y los grupos de jubilados comenzaron a compartir no solo las promociones vigentes, sino también estrategias para aprovecharlas mejor: dividir compras para maximizar topes, anticipar compras del mes, o combinar los beneficios de ANSES con los descuentos bancarios. En muchos casos, los propios supermercados habilitaron señalizaciones especiales en góndolas y cajas para identificar los productos con descuentos adicionales, lo que facilitó la experiencia de compra de los adultos mayores.
El impacto del programa también generó debates entre economistas y analistas sociales. Algunos destacaban que los reintegros sin tope podían ayudar a familias donde la jubilación era el único ingreso estable, especialmente en hogares multigeneracionales. Otros advertían que el beneficio debía analizarse junto con la evolución real de los precios y la capacidad del jubilado para destinar una parte sustancial de su haber a compras concentradas, algo que no siempre resultaba posible. Sin embargo, la percepción general entre los beneficiarios era positiva, en gran parte porque el programa ofrecía un alivio visible, inmediato y fácil de aplicar.
A lo largo de las primeras semanas de funcionamiento, la participación creció sostenidamente. Comercios pequeños, almacenes y mercados barriales comenzaron a sumarse al listado de puntos adheridos, conscientes de que miles de jubilados priorizaban aquellos locales donde sus compras rendían más. La presencia de más de 7000 comercios permitió que la política tuviera alcance nacional, incluyendo ciudades grandes, capitales provinciales y localidades del interior donde la oferta era más limitada.
Mientras tanto, desde la ANSES se realizaron campañas informativas para aclarar dudas habituales: si era posible combinar descuentos, qué sucedía en compras online, qué tipos de productos aplicaban, o cómo se reflejaban los reintegros en las cuentas de cada jubilado. La intención era evitar confusiones, especialmente en usuarios mayores que no siempre tenían acceso a canales digitales de consulta.
La medida, finalmente, terminó consolidándose como uno de los programas de apoyo más comentados del cierre del año. Su alcance, la diversidad de comercios involucrados y la posibilidad de obtener descuentos acumulables lo transformaron en una herramienta valiosa para una población que necesitaba con urgencia recuperar parte de su capacidad de compra. En un escenario económico complejo, los descuentos, reintegros y beneficios complementarios ofrecieron un respiro que, aunque limitado por la presión inflacionaria, permitió a miles de jubilados enfrentar el mes de diciembre con una perspectiva económica más manejable.