La demanda de vinos argentinos es cada vez más grande alrededor del mundo, tanto en supermercados, como en tiendas o restaurantes.

En los últimos 12 meses se exportaron 214 millones de litros de vino fraccionado y espumantes, mientras que se vendieron al exterior 152 millones de litros de vino a granel. (Foto Archivo)
La demanda de vinos argentinos es cada vez más grande alrededor del mundo, tanto en supermercados, como en tiendas o restaurantes.
China, Japón, Europa y Estados Unidos son algunos de los destinos que más buscan los productos de la vitivinicultura argentina, un sector que se consolida como potencia del hemisferio sur, junto a Chile.
Después de muchos años, el nuevo valor del dólar promovió las ventas externas de vino argentino, mejorando nuestra competitividad a nivel mundial. Y las expectativas son favorables.
No obstante, las bodegas locales no lo tienen fácil: el costo de la logística en Argentina es tres veces más alto que en Chile. A esto, se suma la alta carga impositiva, el elevado costo del financiamiento y la falta de TLC (Tratados de Libre Comercio).
Según datos del Laboratorio Estadístico del Instituto Nacional Vitivinícola (INV), en marzo de 2021 los envíos totales de vinos exportados en volumen (granel fraccionados) crecieron 5% en comparación con igual mes del año pasado.
Sin embargo, la exportación mundial de vinos se ha vuelto más competitiva como consecuencia de una menor tasa de expansión que, a su vez, está en línea con un menor crecimiento económico mundial.
Por otra parte, los vinos argentinos orientaron hacia franjas de precios más elevadas y a mercados de mayor precio promedio de importación. Esto convirtió al negocio exportador en uno más exigente que, en el futuro, deberá ser compensado con mayor productividad y eficiencia exportadora para no depender solamente de la variable tipo de cambio, finaliza.
Existe una fundación llamada ProMendoza que es la agencia de promoción de exportaciones y de atracción de inversiones de la provincia cuyana.
En el ámbito del comercio exterior provee información calificada, orienta al exportador y coordina actividades comerciales para acercar la oferta exportable de la provincia a diversos mercados y responder a las demandas de los compradores internacionales.
Respecto a la atracción de inversiones, difunde oportunidades de inversión y asiste a potenciales inversores con información y facilitación a medida de sus necesidades. Internacionalizar empresas y productos mediante ferias, misiones comerciales y técnicas, rondas de negocios, es parte de la tarea permanente que realiza desde hace 22 años.
Además, el trabajo de la entidad permite detectar empresas con potencial exportador, fortalecer las capacidades exportadoras con formación y distintas herramientas.
La Bodega Galán es similar a muchos otros emprendimientos de inmigrantes que encontraron en Argentina una tierra de oportunidades.
Empujado por la guerra, el tío abuelo de Antonio Galán, actual dueño de la bodega, dejó el pequeño pueblo de Silleda en su Galicia natal y en 1942 comenzó a distribuir vino a granel en Buenos Aires. En aquella época, su antepasado cargaba el vino en su carreta tirada por caballos, con la que recorría los barrios porteños para llenar los toneles de distintas pulperías, bares y almacenes.
La emigración de postguerra era familiar y gradual: primero llegaba un integrante de la familia y luego se sumaban los demás. A nuestro tío abuelo, luego se le sumarían otros familiares, recordó Antonio.
A mediados de la década del 50, todavía con carretas y caballos, el emprendimiento era una empresa que realizaba reparto a domicilio, lo que en poco tiempo se convertiría en un gran éxito. Con el incremento de las ventas, más familiares y amigos del pueblo de Silleda vinieron a Argentina para sumarse al negocio.
En 1972 la empresa pudo comprar sus primeras tierras en San Martín, Mendoza. Eran campos vírgenes que requirieron de un trabajo previo de desmonte para poder ser cultivables y que hoy generan el grueso de la producción de la bodega.
Más tarde, en la década del noventa, se incorporan nuevas tecnologías desde el exterior para empezar a desarrollar varietales. Así se jerarquizó el tipo de uva y se buscaron nuevos sabores en el vino. "Nosotros fuimos parte de ese cambio y adquirimos una finca en Luján de Cuyo, la principal zona vitivinícola argentina productora de Malbec, donde empezamos a plantar uvas que importamos directamente de Francia para crear un vino de altísima calidad", contó Antonio.
Poco a poco, el trabajo fue dando frutos y la actualidad se encargó de ubicar a los productos argentinos a la altura de otros grandes actores del mundo. La marca Argentina, la marca Mendoza y el Malbec Argentino recibieron su justo reconocimiento.
"El interés mundial en la calidad de los productos argentinos nos llevó a exportar y ese paso también nos ayudó a tener un mayor equilibrio al compensar las fluctuaciones en el mercado local ante distintas situaciones, como un exceso de producción", explicó Galán.
Y agregó: "empezamos exportando vino a granel, paradójicamente, a mercados con una grandísima tradición de producción vitivinícola como Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y España, que veían en nuestros vinos un producto de alta calidad. En la década de 2000 comenzamos a vender vino fraccionado, logrando vender nuestro producto en el mercado Chino".
En ese sentido, Antonio recordó una anécdota con el mercado chino que puede ser de utilidad para los que quieren empezar a sondear ese destino: "exportábamos producto de altísima calidad, un Malbec añejado en roble, llamado “Antoni” y que hoy es altamente reconocido en ese mercado. Luego de vender en forma muy exitosa varias partidas, notamos que los consumidores parecían haber perdido el interés en el producto y no entendíamos la razón por la que las primeras partidas habían tenido tan buena recepción y las nuevas no", comenzó.
"Entonces, investigamos, hablamos con nuestros vendedores en China y nos contaron que los consumidores se acercaban a nuestro producto, miraban la botella, pero finalmente la dejaban. Así fue que le pedimos a uno de nuestros distribuidores que pregunte a los consumidores por qué, si la botella inicialmente los atraía, luego la dejaban", siguió Antonio.
Y la respuesta fue sorprendente: “porque este vino es falso”, decían, y explicaban con mucha lógica que “la etiqueta del vino está en inglés y en Argentina no se habla inglés”. A partir de ese momento todas las etiquetas de los vinos para el mercado chino "están completamente en español y son los distribuidores los que luego le adjuntan una etiqueta secundaria en chino", señaló Galán.
Por último aseguró que su intención "es seguir construyendo y fortaleciendo lazos, asistir a ferias y aprovechar los nuevos recursos disponibles para los exportadores argentinos”. Y resaltó que "a Singapur y a Vietnam fuimos con el apoyo de la Fundación ProMendoza. También nos acompañaron las embajadas de Argentina en esos países. Sentimos que realmente existe la voluntad de su parte para que cada embajada sea un local de venta de productos argentinos”.
Quebrada de las Flechas es una bodega que nace por un vínculo de amistad de dos amigos de toda la vida, compañeros de colegio, con ganas de hacer algo juntos.
En el año 2006, por una cuestión comercial, compran la primera finca situada en Quebrada de las flechas, provincia de Salta, puntapié inicial de un proyecto que hoy cuenta con tres bodegas, en tres provincias: Salta, Catamarca y La Rioja. Con ellas logran producir más de cinco millones de litros por año.
“Dada la situación histórica del país, donde tenemos períodos de depresión y otros de desarrollo, y teniendo la idea de incrementar nuestras ventas en una manera estable, surgió la necesidad de abrir nuevos destinos para evitar la dependencia del mercado interno, trillado por marcas distintas. Al tener un producto de excelencia, podemos abrirnos al mundo”, señalaron sus dueños, Rubén Abdenur y Gustavo Loutayf.
Finalmente, este año lograron concretar su primer envío a China por un valor de US$ 12.000.
Por otro lado, Las Mojarras de Catamarca es una bodega que nació en el año 2007. "Al principio vendíamos la uva a otras bodegas. Hasta que armamos la empresa. Empezamos con 30.000 litros y aumentamos la capacidad poco a poco", destacó su dueño, José Escudero.
En la actualidad, la bodega cuenta con 100.000 litros en vasijas de acero inoxidable y hace dos años empezaron a incorporar barricas de roble francés.
Hoy cuentan con 8 etiquetas y deciden quedarse con esta capacidad de bodega boutique, para apuntar a vinos de gama media y alta.
"El motivo que nos llevó a traspasar fronteras con nuestros vinos fue que la oferta superaba ampliamente a la demanda local. Se produce mucha cantidad comparado con el consumo interno, por lo que la competencia es feroz", explicó Escudero.
Y agregó: "la recesión de este año también hizo su parte. Disminuyó el consumo per cápita en litros de vino y se reemplazó con otras bebidas, como la cerveza. A las bodegas chicas nos cuesta mucho competir con grandes marcas".
Por otra parte, "el reposicionamiento del dólar nos favorece en el cambio. Y la política actual de exportación también nos ayuda mucho", comentó Escudero.
La bodega concretó su primera exportación a China hace dos años, por un total de US$ 25.000.
Por último, la cuarta bodega tiene una particularidad: se trata de vinos orgánicos. El proyecto fue soñado desde cero por Ricardo Osvaldo Stutz, quien en el año 2004 tuvo la visión de convertir un pedazo de desierto a 1.780 metros sobre el nivel del mar, en la finca modelo que es hoy en día, comentó Andrés Stutz, hijo del fundador.
Como en toda empresa familiar, los hijos tomaron la posta del sueño de su padre y comenzaron a trabajar con él. Hoy Andrés está a cargo del sector productivo y de control de calidad. Para la vendimia de 2018 lograron la certificación de vino orgánico para las 22.000 botellas producidas.
Desde las más chicas hasta las más grandes, las empresas del sector vitivinícola manifiestan que seguirán construyendo y fortaleciendo lazos con los mercados extranjeros.