La bodega Claroscuro tiene una particularidad: en ella convive una mixtura de vinos y pinturas. Esas obras de arte se exponen en las etiquetas y, además, cambian según la cepa y el año.
La bodega Claroscuro tiene una particularidad: en ella convive una mixtura de vinos y pinturas. Esas obras de arte se exponen en las etiquetas y, además, cambian según la cepa y el año.
La primera cosecha fue en 2014 y desde allí suman una cantidad de obras de arte reflejadas en las botellas, perfectas para coleccionar.
Gustavo y Paula Cucchiara son dos amantes del arte que se unieron en un proyecto para unir esa pasión del vino y las formas.
La historia empezó con ella prometiendo hacer vino para los amigos, mientras tomaba un café con el pintor Sergio del Giúdice.
“Ahí surgió la idea de que el primer vino debía ser un homenaje al arte y a la amistad. Así, Gustavo le propuso incorporar una de sus obras a la etiqueta. El Malbec 2014 salió con una pintura seleccionada especialmente”, cuenta Paula, socia de la bodega Claroscuro.
“Esa primera etiqueta era muy loca y nos pareció que era un buen comienzo, porque este es un proyecto loco, porque no venimos de familia de bodegueros y tampoco somos artistas. Simplemente, nos gusta mucho el vino y nos fascina el arte, entonces el proyecto era unir las dos cosas”, describe.
“La idea de hacer vinos es para nosotros un proyecto de realización personal, por eso el intenso trabajo de ensamblar arte y vino es esencial", resalta el protagonista de la historia.
"Cuando empezamos a buscar alguna finca en el Valle de Uco, nos enamoramos de una pequeña finca llamada San Francisco, con una vista hermosa de la Cordillera, que tiene unas ondulaciones que decidimos dejarlas y así aprovechar el suelo diferencial para tener distintos tiempos de cosecha”, explica.
“Con el enólogo Diego Barrera nos planteamos hacer los mejores vinos posibles y que la etiqueta no fuera sólo un adorno, sino que acompañara el vino. Y ese comienzo apasionado, tanteando el panorama, fue poco a poco forjando un camino de reconocimiento a medida que empezaron a llegar premios en concursos nacionales e internacionales”, relata.
“Recorremos galerías de arte en las que miramos obras con ojos que atienden tanto al placer de la obra como a la posible conjunción con el vino. Cuando nos gusta una obra, la compramos y nos ponemos a pensar con qué vino queda bien. Porque cada vino tiene su personalidad, su fuerza, su estructura, y buscamos que la obra que seleccionamos se relacione con el vino y se refuercen mutuamente”, subraya Paula.
“La pasión por el arte y el vino no es solamente una cuestión de poner etiquetas. El circuito que hemos armado desde la bodega comprende el acompañamiento de los artistas", asevera.
"Mientras recorremos galerías buscando obras que nos gusten, después de comprar la obra nos contactamos con el artista para tener los derechos de difusión y lo invitamos a sumarse al universo fascinante del vino”, dice la creadora de Claroscuro.
Algunos se extrañan cuando los llama para contarles del proyecto y sumarlos a los eventos de la bodega. Solamente una vez, un artista al que le habían comprado una obra no le interesó estar en la etiqueta, así que se quedaron con la obra, pero no la usaron.
"Los otros se sorprenden y se comprometen con los pasos de la bodega”, especifica la emprendedora.
La bodega hace un trabajo en conjunto en donde está el compromiso de difundir el arte y acompañar a los artistas; todos los artistas son argentinos, tanto emergentes como reconocidos.
“Hay una etiqueta pintada por Carlos Alonso especialmente para un evento. Y otra hermosa obra de Germinal Lubrano, un reconocido pintor de la década de 1950 que pintaba escenas de tango. Llevamos a los artistas a que nos acompañen, y ellos mismos hablen de sus obras en los eventos", refleja Cucchiara.
Y enfatiza: "Así podemos mostrar más y mejor viajando con las obras y los artistas, recuerdo eventos como la Noche de los Museos, cuando montamos una galería en la zona de los restaurantes en la que los artistas llevaron obras para mostrar y vender mientras promocionábamos el vino”.
La bodega produce 250 mil litros al año y exporta a: Canadá, Perú, Uruguay, China, Corea del Sur, Tailandia, Bélgica, Estados Unidos, México y Rusia.
“Nuestras etiquetas llaman mucho la atención, es una atracción extra en la botella, tanto que da cierta pena abrir la botella porque quedan lindas en una vitrina. Hasta un coleccionista de etiquetas de vino en Italia nos pidió que le mandáramos las etiquetas”, confiesa Paula.
“Ya tenemos todas las etiquetas de este año y de la cosecha que viene. Nos fascina encontrar artistas, y vamos probando los vinos y buscamos relaciones con las obras de arte: se da como una combinación”, resalta.