Lejos de quedarse con la duda, decidió comprobarlo de una manera tan insólita como televisiva: mandó a fabricar su propio extraterrestre y recreó la autopsia frente a las cámaras.
El objetivo era demostrar que aquello que parecía una prueba de vida extraterrestre podía ser reproducido con elementos mucho más simples de lo que el público imaginaba.
“Mandamos a fabricar el marciano, le pusimos la ropa y quedó exactamente igual al de Estados Unidos”, contó Gelblung en una entrevista.
La producción de Memoria realizó una copia del supuesto alien y armó una escena prácticamente idéntica a la del video que había recorrido el mundo. Y hubo un detalle que años después se volvió uno de los más recordados de aquella historia: los órganos del extraterrestre tampoco eran reales.
Cuando Alejandro Fantino le preguntó cómo habían logrado recrear los órganos que aparecían en la autopsia original, Chiche respondió con su particular sentido del humor:
“Los mismos que en el documental les sacaron ellos, le sacamos nosotros: ¡menudos de pollo!”
Y fue todavía más contundente al describir aquella producción: “Fue una copia exacta del supuesto incidente Roswell, con un muñeco trucho, órganos truchos y médicos truchos”.
La recreación había costado, según contó el periodista en otra oportunidad, alrededor de 4.000 dólares, una cifra muy inferior a los miles de dólares que se habían pagado por los derechos del material original.
La intención de Gelblung no era hacer creer que había encontrado un extraterrestre, sino exactamente lo contrario: demostrar que el video podía ser imitado y que, por lo tanto, no podía presentarse como una prueba irrefutable de la existencia de seres de otro planeta.
La jugada tuvo una repercusión que incluso sorprendió al propio periodista.
Con el tiempo, Chiche contó que más de 200 universidades de distintos lugares del mundo le pidieron autorización para utilizar su video. ¿El motivo? Mostrarlo como un ejemplo para explicar cómo detectar y poner a prueba una información que aparenta ser verdadera.
Así, aquella producción televisiva terminó teniendo una vida mucho más larga de la que Gelblung probablemente imaginaba. Lo que comenzó como una provocadora recreación televisiva terminó convertido en material utilizado con fines educativos para hablar sobre las noticias falsas.
Décadas antes de que las redes sociales transformaran por completo la manera en que circula la información, Chiche Gelblung puso en evidencia frente a las cámaras que una imagen impactante no necesariamente significa que aquello que muestra sea real.