El HDL, llamado colesterol bueno, cumple una función diferente: ayuda a retirar colesterol de los órganos y lo lleva hasta el hígado para su eliminación.
Cuando las placas de ateroma se acumulan dentro de las arterias se produce un proceso denominado aterosclerosis. Esta enfermedad provoca un estrechamiento progresivo de los vasos sanguíneos y dificulta el paso de sangre, oxígeno y nutrientes hacia los distintos órganos.
Si una arteria queda obstruida, pueden aparecer complicaciones graves como infartos cardíacos, cerebrales, renales o en las extremidades. También pueden producirse embolias, cuando un coágulo o fragmento de placa se desprende y viaja por el sistema circulatorio.
El colesterol alto no da síntomas: el mito que puede retrasar el diagnóstico
Uno de los principales riesgos del colesterol elevado es que suele ser una enfermedad silenciosa. A diferencia de otros problemas de salud, no provoca por sí mismo cansancio, mareos, dolor de cabeza ni sensación de pesadez abdominal.
Muchas personas descubren que tienen niveles muy elevados recién cuando atraviesan un evento cardiovascular agudo, como un infarto o un accidente cerebrovascular. Por este motivo, los controles médicos periódicos son fundamentales, incluso cuando no existen molestias.
La única forma de conocer los niveles de colesterol es mediante un análisis de sangre. A través de este estudio se pueden medir los valores de colesterol total, LDL y HDL para evaluar el riesgo cardiovascular.
Las señales visibles que pueden alertar sobre colesterol elevado
Aunque el colesterol alto no suele presentar síntomas internos, en algunas personas pueden aparecer signos físicos que funcionan como una señal de alerta, especialmente cuando aparecen antes de los 40 o 45 años.
Los xantelasmas son placas amarillentas que aparecen en la parte interna de los párpados y pueden estar relacionadas con alteraciones en los niveles de colesterol.
Los xantomas son acumulaciones de grasa debajo de la piel que pueden observarse en zonas como el tendón de Aquiles, las rodillas, los codos o los nudillos.
Otro posible signo es el arco corneal, un círculo blanquecino o grisáceo que aparece alrededor del iris del ojo. Si bien estas señales no siempre indican colesterol elevado, pueden ser un motivo para realizar una consulta médica.
Cuáles son los valores recomendados de colesterol
Los valores considerados adecuados dependen de cada persona y de sus factores de riesgo, pero existen referencias generales para evaluar los niveles.
En personas sanas, se recomienda que el colesterol LDL se encuentre por debajo de 100 mg/dL. A partir de 130 mg/dL puede considerarse elevado.
En cuanto al colesterol total, el objetivo general es mantenerlo por debajo de 200 mg/dL. Valores superiores a 250 mg/dL suelen considerarse altos.
Sin embargo, quienes tienen mayor riesgo cardiovascular necesitan controles más estrictos. Las personas con diabetes, obesidad, antecedentes cardíacos o tabaquismo pueden requerir niveles de LDL mucho más bajos, incluso inferiores a 70 mg/dL o 55 mg/dL según la indicación médica.
Por qué aumenta el colesterol
Las causas del colesterol elevado pueden estar relacionadas con distintos factores, desde los hábitos cotidianos hasta cuestiones genéticas o enfermedades preexistentes.
Una de las principales razones está vinculada al estilo de vida. Una alimentación con exceso de grasas saturadas y azúcares, la falta de actividad física y el sobrepeso pueden favorecer el aumento de los niveles de colesterol en sangre y acelerar la acumulación de placas en las arterias.
También existen factores genéticos que pueden influir. Algunas personas tienen alteraciones hereditarias que provocan niveles muy elevados de colesterol desde edades tempranas. En casos poco frecuentes, estas condiciones pueden aumentar el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares incluso durante la infancia.
Además, ciertas enfermedades y tratamientos médicos pueden estar relacionados con el colesterol alto. Entre ellas se encuentran la diabetes, el hipotiroidismo y algunas enfermedades renales. También pueden influir determinados medicamentos utilizados para tratar afecciones como el acné, el cáncer o la hipertensión.
Cómo prevenir y bajar el colesterol
El primer paso para controlar los niveles de colesterol es realizar análisis de sangre de manera periódica. Estos estudios permiten detectar alteraciones y tomar medidas antes de que aparezcan complicaciones.
Cuando los valores son elevados, los especialistas suelen recomendar cambios en los hábitos diarios. Mantener una alimentación equilibrada, reducir el consumo de grasas perjudiciales, realizar actividad física con frecuencia, evitar el tabaco, moderar o eliminar el consumo de alcohol y mantener un peso saludable son medidas fundamentales para proteger la salud cardiovascular.
Cuando estas modificaciones no son suficientes, los médicos pueden indicar tratamientos con medicamentos como las estatinas. Estos fármacos ayudan a reducir los niveles de colesterol LDL y disminuyen el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares.
El colesterol elevado no suele avisar, pero puede dejar consecuencias graves con el paso del tiempo. Detectarlo mediante controles médicos y actuar de manera temprana permite reducir el riesgo de que afecte las arterias y el funcionamiento de órganos vitales.