- Fatiga y debilidad: cansancio inusual ante actividades cotidianas, falta de aire al realizar esfuerzos, como subir escaleras, y palpitaciones o taquicardia.
- Alteraciones en el cabello y las uñas: caída del cabello, fragilidad capilar, uñas quebradizas o incluso uñas en forma de cuchara, caracterizadas por una concavidad.
- Cambios físicos: palidez en la piel, glositis (lengua enrojecida con pérdida de papilas y molestias) y queilitis (grietas en las comisuras de los labios).
- Síntomas neurológicos y menos frecuentes: pagofagia, es decir, la necesidad persistente de masticar o comer hielo, y una fuerte relación con el síndrome de piernas inquietas, que genera la necesidad de mover las piernas constantemente, especialmente durante el reposo o el sueño.
Cómo se diagnostica la falta de hierro
Para confirmar la deficiencia no alcanza con la sospecha clínica. Es necesario realizar pruebas de laboratorio específicas:
- Hemoglobina: determina si ya existe anemia.
- Ferritina sérica: es el principal marcador de las reservas de hierro del organismo. Cuando presenta valores bajos, confirma la carencia. Si es normal o elevada, debe interpretarse con cautela porque puede aumentar por inflamación o infecciones.
- Hierro sérico: mide el mineral que circula en la sangre unido a la proteína transferrina. Es menos fiable porque sus valores varían según la alimentación y el momento del día.
- Índice de saturación de transferrina: indica qué proporción de los sitios de unión de esta proteína transportadora se encuentra ocupada por hierro.
Principales causas de la falta de hierro
La deficiencia suele originarse por tres vías principales:
- Aumento de la demanda: situaciones como el embarazo y el posparto incrementan de manera significativa las necesidades del organismo.
- Problemas de absorción o alimentación: las dietas veganas o vegetarianas mal diseñadas pueden dificultar la incorporación de este nutriente. También influyen enfermedades que provocan malabsorción, como la celiaquía, la enfermedad de Crohn y las secuelas de algunas cirugías bariátricas.
- Pérdida de sangre: en las mujeres, la causa más frecuente es la menstruación abundante. En hombres y mujeres posmenopáusicas, es necesario investigar el aparato digestivo para detectar posibles pérdidas por hemorroides, úlceras o incluso cáncer de colon.
Alimentos con hierro y cómo mejorar su absorción
La alimentación cumple un papel preventivo y de apoyo. Existen dos tipos principales:
- Hierro hemo: presente en carnes, pescados y mariscos. Se absorbe de manera más eficiente y constante.
- Hierro no hemo: se encuentra en vegetales, legumbres como lentejas y garbanzos, semillas y frutos secos. Su absorción es más variable y mejora cuando estos alimentos se consumen junto con vitamina C, presente en cítricos y pimientos.
- Interferencias: el café y el té contienen polifenoles que dificultan la absorción del hierro de origen vegetal cuando se consumen al mismo tiempo. También pueden interferir los fitatos presentes en algunos vegetales.
Tratamiento para la falta de hierro y recuperación
Cuando se detecta una deficiencia o anemia, según explica Sanagustín, la suplementación suele ser necesaria:
- Vía oral: se utilizan distintas sales de hierro en cápsulas o líquidos. Pueden provocar náuseas, molestias abdominales, estreñimiento y heces negras.
- Vía intravenosa: se reserva para casos severos o para personas que no toleran el tratamiento oral, siempre bajo supervisión médica.
La recuperación total se alcanza cuando se cumplen tres etapas: la desaparición de los síntomas, la normalización de la hemoglobina, si existía anemia, y finalmente la reposición de las reservas de ferritina.
El tratamiento siempre debe individualizarse y controlarse médicamente; la suplementación no se recomienda sin diagnóstico.
Además, es fundamental identificar y tratar la causa de base, dado que de lo contrario la deficiencia puede reaparecer con el tiempo.