El dato que más sorprendió a los científicos
El dato que más sorprendió a los investigadores no fue su tamaño ni su órbita, sino las condiciones climáticas que podría tener. La estrella anfitriona es aproximadamente 1.000 grados más fría que el Sol, lo que reduce significativamente la energía que recibe el planeta. Por ese motivo, los modelos climáticos sugieren que HD 137010 b podría tener temperaturas cercanas a las de Marte, con valores que rondarían los –70 °C.
Aun así, los científicos no descartan escenarios más favorables. Una atmósfera con una alta concentración de dióxido de carbono podría generar un efecto invernadero capaz de elevar las temperaturas y permitir la presencia de agua líquida en determinadas regiones. En ese contexto, el planeta se ubicaría en el límite exterior de la llamada zona habitable.
Hasta el momento, se conocen más de 6.000 exoplanetas, pero la mayoría son gigantes gaseosos o mundos extremadamente calientes, ya que ese tipo de cuerpos resulta más fácil de detectar. En contraste, HD 137010 b se destaca por su parecido con la Tierra y por su relativa cercanía, lo que lo convierte en un candidato ideal para futuros estudios.
La distancia de 146 años luz permitiría, con telescopios más avanzados, analizar su atmósfera en busca de compuestos como oxígeno o metano, sustancias que podrían ofrecer pistas sobre la posible existencia de vida.
Para confirmar definitivamente el hallazgo, será necesario observar nuevos tránsitos del planeta frente a su estrella. Hasta ahora solo se documentó uno, aunque los datos superaron todas las verificaciones internas. Las próximas observaciones serán clave para despejar las dudas y profundizar el estudio de este mundo que ya es considerado una “Tierra fría”.