2 tazas de harina leudante
½ cucharadita de sal
50 g de manteca fría
1 taza de queso rallado (puede ser pategrás, reggianito, parmesano o un mix)
¾ taza de leche fría (aproximadamente)
Opcional: pimienta negra, nuez moscada o algún condimento a gusto.
Cómo se preparan los scones
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Precalentar el horno a 200°C y enmantecar o cubrir con papel manteca una placa de horno.
Mezclar los ingredientes secos: en un bowl grande, colocar la harina leudante y la sal. Si se desea, se puede agregar una pizca de pimienta negra o nuez moscada.
Incorporar la manteca fría: cortarla en cubitos e integrarla con los dedos a la harina hasta obtener un arenado. Es importante no trabajar de más la mezcla para que no se derrita la manteca.
Sumar el queso rallado: mezclar bien para que se distribuya de manera pareja.
Agregar la leche de a poco: ir vertiéndola lentamente mientras se une la masa sin amasar demasiado. La idea es que quede apenas unida, húmeda pero manejable. Si es necesario, se puede ajustar con un poco más de leche o harina.
Formar los scones: estirar la masa en una superficie enharinada hasta que tenga aproximadamente 2 cm de espesor. Cortar con cortante redondo o simplemente en triángulos con cuchillo.
Hornear: llevar al horno durante 12 a 15 minutos, o hasta que estén dorados en la superficie.
¿Con qué se pueden acompañar los scones?
Los scones de queso son muy versátiles. Se pueden servir tibios con un poco de manteca, acompañar con fiambres en una picada, o incluso usarlos como base para mini sándwiches. Si se desea, también pueden freezarse ya horneados y calentarse en horno antes de servir, lo que los hace ideales para tener siempre a mano.
¿Se pueden hacer versiones más saludables?
Sí. Se puede optar por harinas integrales, quesos reducidos en grasas o leche vegetal sin azúcar si se desea una opción adaptada a ciertos planes alimenticios. El resultado cambia ligeramente en textura, pero siguen siendo deliciosos.
Los scones de queso son una de esas recetas que no fallan. Económicos, fáciles y con mucho sabor, funcionan tanto para una mesa dulce que quiera tener un toque salado, como para resolver una comida improvisada. Una receta clásica que vale la pena tener a mano.