Las mudanzas suelen ser un verdadero dolor de cabeza, y cuando la que se muda es la casa, y no sus habitantes, la cosa es mucho peor. Kirk Lovell y Daniele Penney, una pareja de Canadá, adquirieron la vivienda de sus sueños para después moverla por aproximadamente un kilómetro sobre el mar hasta su nueva ubicación. Lo que nunca imaginaron es que estuvieron a poco de perderla.





