También es importante observar si aparecen líneas o surcos marcados. En algunos casos, estas marcas pueden surgir tras un golpe o un momento de enfermedad, pero cuando son profundas o se repiten con frecuencia, podrían indicar alteraciones metabólicas o problemas de alimentación. Incluso, algunos expertos señalan que cambios repentinos en la forma o textura de las uñas merecen atención médica.
Por último, otro signo que no debe pasarse por alto es cuando las uñas se engrosan, se deforman o cambian su crecimiento. Esto puede deberse a infecciones, problemas circulatorios o afecciones dermatológicas. Si el cambio es repentino o viene acompañado de dolor, lo más recomendable es consultar con un profesional para descartar cualquier patología.
Aunque muchas veces se trata de situaciones simples y sin gravedad, las uñas pueden funcionar como un espejo del estado general del cuerpo. Por eso, ante cualquier modificación llamativa o persistente, lo ideal es no automedicarse y acudir a un dermatólogo o médico clínico para obtener un diagnóstico adecuado.