Según recordó Martínez, fue Diego quien avanzó después de los Juegos. Tras una cena y varias charlas para conocerse mejor, el periodista fue directo.
“Che, Sofi, yo estoy”, le dijo Leuco, según recordó ella. Pero Sofía tenía algo muy claro. No estaba dispuesta a dejar de lado su familia, sus amigos ni la vida que tenía antes de comenzar la relación.
“Yo soy los domingos en familia, las amistades”, le explicó. La respuesta de Leuco, lejos de generar un conflicto, fue contundente: “Yo quiero todo el combo”.
Así, la condición de Sofía fue aceptada desde el comienzo, y ambos pudieron avanzar con una relación en la que sus respectivas dinámicas personales tuvieron un lugar importante.
Sin embargo, con el tiempo aparecieron algunas diferencias. Una de ellas tenía que ver justamente con la manera de vincularse de Leuco cuando estaba con la familia y los amigos de Sofía.
Martínez recordó una de las primeras discusiones que tuvieron y contó que ella es muy “amiguera y familiera”, mientras que él tenía una personalidad mucho más reservada fuera del ámbito laboral.
“Me acuerdo una vez que nos peleamos, fue al principio y después fue mejorando. Yo soy muy amiguera y familiera. Para mí, mis mejores momentos son las reuniones familiares. Pero le tenía que pedir que entablara una conversación con alguien, ¡sos periodista!”, le recriminó.
Leuco, por su parte, reconoció la diferencia entre su personalidad frente a una cámara y la que tiene en situaciones sociales. “En el laburo, uno es más histriónico pero en las reuniones soy más para adentro. No soy de hablar mucho y el celu ayuda mucho”, explicó.
Esa actitud era precisamente una de las cosas que más molestaban a Sofía, acostumbrada a disfrutar de las reuniones familiares y los encuentros con amigos.
Ahora, después de las nuevas apariciones públicas y de las confesiones que ambos hicieron sobre aquella relación, el vínculo volvió a despertar todo tipo de especulaciones.
Y aunque ninguno confirmó que haya una reconciliación, sus declaraciones permiten volver a mirar una historia en la que, desde el comienzo, Sofía dejó muy en claro qué estaba dispuesta a aceptar y qué no.