La pinza estaba abierta y había riesgo de que dañasen los órganos, aunque el paciente no presentaba síntomas de infección.
Por ello, según recoge la revista médica especializada 'Urology Case Reports', los médicos tuvieron que presionar el pene durante la operación para mantener las pinzas cerradas y poder así extraerlas satisfactoriamente.
El hombre aseguró que no había sufrido ningún dolor ni problemas a la hora de orinar durante los cuatro años que las pinzas permanecieron en su interior. Los médicos creen que se las introdujo para obtener placer sexual y recomendaron al paciente acudir al psicólogo, aunque este se negó.
Fuente: La Sexta