Tras varios estudios, los doctores le diagnosticaron encefalitis autoinmune, una afección de todo el sistema nervioso central, por lo que tuvieron que alimentarla por sonda. A pesar de este clima adverso, el día que la niña cumplió 4 años, todo el personal médico le hizo un pequeño festejo para que no se sintiera sola.
Luego de esos días angustiantes y al ver una leve mejoría, Aby fue dada de alta y los médicos les dijeron a sus padres que podían llevársela a casa, desde donde la podrían aplicar aspiraciones pulmonares que requería su tratamiento.
Sin ver que su hija mostraba más mejoras en su salud, Adriana y Juan Francisco se entregaron a la fe y la Virgen de San Juan de los Lagos, la tercera en importancia en México, después de la Virgen de Gudalaupe y la de Zapopan.
Ambos padres se acercaron, junto a la pequeña, el pasado 7 de abril hasta la catedral para venerar a esa Virgen. Ese día, durante el ritual del cambio de vestido de la Virgen, Juan Francisco tuvo que aplicarle aspiraciones pulmonares a su hija adentro del templo porque comenzó a tener dificultades para respirar. Sin embargo, una vez que estuvieron cerca de la virgen, antes de cambiar su atuendo, la niña no tuvo más problemas.
Ni Adriana ni Juan Francisco estaban listos para ver cómo la pequeña Aby se quedó viendo fijo a los ojos de la Virgen y, cuando estuvo frente a ella, alzó su mano para tocar su manto. Ese pequeño, pero simbólico acto, emocionó hasta el llanto a todos los presentes. “Sentimos que hubo una conexión mágica entre ellas”, cuenta emocionado Juan Francisco.
Por si fuera poco, Juan Francisco afirma que, al al salir de la catedral y volver a su automóvil para regresar a casa, Aby estaba sonriendo, tal como lo hacía antes de aquel doloroso 3 de marzo.
Dos semanas después de aquel acto de fe, Aby despertó y volvió a la normalidad y, aunque sus padres saben que científicamente la encefalitis autoinmune no tiene cura, confían en que su Virgen nunca los abandonará.
No es raro que se le atribuyan milagros a la Virgen de San Juan de los Lagos, la cual, según historiadores, realizó el primero de ellos en 1623. Su fama es tal que el propio Juan Pablo II, en su visita a México en 1990, la visitó. Fuentes de la iglesia católica aseguraron que le contarán de primera mano al Papa Francisco sobre lo que ocurrió entre la Virgen y la pequeña Aby.