Orinar en la ducha es un hábito más común de lo que se cree. Aunque para algunas personas puede resultar extraño o poco higiénico, muchas otras lo hacen con frecuencia.
Un médico explicó qué ocurre en el organismo al realizar este hábito, cuáles son sus posibles beneficios y qué aspectos conviene tener en cuenta para evitar inconvenientes.

Orinar en la ducha es un hábito frecuente que puede tener efectos en el organismo y en la higiene del baño.
Orinar en la ducha es un hábito más común de lo que se cree. Aunque para algunas personas puede resultar extraño o poco higiénico, muchas otras lo hacen con frecuencia.
De acuerdo con un estudio de Talker Research de 2025, realizado a 2.000 encuestados, casi un 25 % admitió hacerlo de forma regular: un 12 % a diario y otro 12 % varias veces por semana. Además, un 45 % aseguró haberlo hecho al menos una vez en el último año.
A partir de esta costumbre cotidiana, surge una pregunta: ¿puede afectar la salud? Según explica el doctor Humberto Brito Leclerc, hacerlo no provoca efectos negativos directos sobre el organismo, dado que la orina está compuesta principalmente por agua, urea, sales y distintos desechos metabólicos, por lo que se considera mayoritariamente estéril.
Incluso, según el especialista, hacerlo en posición de cuclillas puede activar de manera beneficiosa los músculos del suelo pélvico y contribuir a prevenir problemas como la incontinencia urinaria. La postura resulta fundamental para obtener este posible beneficio, por lo que recomienda evitar hacerlo completamente de pie o con inclinaciones excesivas.
Aunque se trata de una conducta generalmente segura, hay algunas situaciones que requieren mayor atención. Según Brito Leclerc, si hay heridas abiertas, lesiones o irritaciones en los pies, existe una ligera posibilidad de que las bacterias presentes en la orina, las superficies o el desagüe generen complicaciones.
De todos modos, el riesgo se mantiene bajo cuando el espacio recibe un mantenimiento adecuado y las superficies se limpian con frecuencia.
Otro aspecto señalado por el médico está relacionado con el condicionamiento psicológico. Según su explicación, si esta costumbre se vuelve habitual, el cerebro podría comenzar a asociar el sonido del agua con la necesidad de ir al baño.
Como consecuencia, escuchar agua corriendo en otros contextos podría despertar ganas de orinar, incluso cuando no se está bajo la ducha.
En términos generales, hacerlo ocasionalmente no representa un peligro para la salud corporal. Sin embargo, de acuerdo con la explicación del especialista, no debería reemplazar de manera habitual el uso del sanitario.
La clave está en mantener una buena higiene personal, limpiar con frecuencia el área y garantizar que el agua pueda drenar correctamente.
En definitiva, esta costumbre no constituye por sí misma una conducta riesgosa, aunque la postura, la formación de hábitos y el mantenimiento del baño son aspectos que conviene tener en cuen