Al dormir

Parálisis del sueño: qué ocurre en el cerebro y por qué algunos lo vinculan con ataques de espíritus

Qué explica la ciencia sobre este fenómeno y por qué, a lo largo del tiempo, muchas culturas lo asociaron a ataques de espíritus.

La aterradora sensación de no poder moverse y sentir una presencia sobre el cuerpo dio origen a la creencia popular del “muerto encima”

La aterradora sensación de no poder moverse y sentir una presencia sobre el cuerpo dio origen a la creencia popular del “muerto encima”, hoy explicada por la ciencia como parálisis del sueño.

La parálisis del sueño es una condición en la que alguien es incapaz de moverse o hablar al quedarse dormido o al despertar, acompañada de una sensación intensa de miedo. En algunos casos, la persona está consciente y puede abrir los ojos; en otros no lo logra, lo que vuelve la experiencia aún más angustiante.

Este fenómeno sucede cuando el cuerpo permanece inmóvil de forma natural durante el sueño, una especie de “bloqueo” muscular que impide que actuemos físicamente lo que soñamos.

Sin embargo, si la mente despierta o se encuentra en una transición entre el sueño y la vigilia mientras el cuerpo sigue paralizado, se genera un estado desconcertante: la persona está consciente pero en general no puede moverse ni hablar, aunque en algunos episodios puede intentarlo con esfuerzo, logrando emitir sonidos limitados o frases cortas.

Cuál es la explicación científica para la parálisis del sueño

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Desde la ciencia, se explica que este proceso ocurre en la fase REM del sueño, cuando el cerebro induce la atonía muscular para protegernos durante el sueño activo. La parálisis se da cuando la conciencia se adelanta o tarda en sincronizarse con el cuerpo, dejando un vacío entre mente y movimiento. Esto puede acompañarse de alucinaciones visuales, auditivas o táctiles, como sentir una presión en el pecho o la presencia de una figura oscura en la habitación. Estos episodios también pueden repetirse si la persona intenta dormirse rápidamente tras uno, ya que el cerebro no completa el ciclo normal de transición.

La parálisis del sueño es mucho más frecuente de lo que se piensa. Afecta a una parte importante de la población, y ciertos factores aumentan su probabilidad: el estrés prolongado, la falta de sueño, cambios bruscos en los horarios de descanso, y también algunas afecciones médicas o psicológicas, como la narcolepsia o el trastorno de estrés postraumático. En estos casos, el fenómeno puede ser más frecuente y severo, generando impactos en la calidad de vida y el bienestar emocional.

Qué creencias espirituales alimentan la parálisis del sueño

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Pero más allá de la explicación neurológica, la parálisis del sueño ha alimentado durante siglos las creencias espirituales y culturales. En distintas regiones del mundo, las sensaciones de inmovilidad, presión en el pecho y la percepción de figuras sombrías se interpretaron como manifestaciones de seres sobrenaturales, ataques de brujas, demonios o fantasmas.

En América Latina, la expresión “se te subió el muerto” refleja la idea de que un espíritu puede oprimir el cuerpo durante la noche. En Japón, el fenómeno conocido como kanashibari se asocia a presencias fantasmas que inmovilizan a la víctima. En África, particularmente en Nigeria, estas experiencias suelen relacionarse con la brujería o agresiones espirituales. En Escandinavia, la “mara” es una figura mitológica que oprime a quienes duermen y genera pesadillas.

Estas interpretaciones forman parte del imaginario colectivo y reflejan cómo la mente humana busca dar sentido a experiencias aterradoras e inexplicables. Muchas veces, estas creencias pueden influir en la forma en que se vive y se recuerda el episodio, haciendo que el miedo y la angustia sean más intensos.

Qué se recomienda hacer para evitar la parálisis del sueño

Para quienes sufren parálisis del sueño con frecuencia, es recomendable adoptar hábitos que favorezcan un sueño saludable: mantener horarios regulares, evitar estimulantes antes de acostarse, controlar el estrés y dormir preferentemente de costado.

En caso de que los episodios afecten el bienestar, buscar la ayuda de un especialista en medicina del sueño o salud mental es fundamental.

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