Desde el Arzobispado de Santiago del Estero, encabezado por el cardenal Vicente Bokalic, remarcaron que la Iglesia “no reconoce” el culto a San La Muerte y advirtieron sobre los riesgos de mezclar la fe cristiana con prácticas esotéricas o creencias ajenas al Evangelio.
“La Iglesia desea recordar con claridad que la auténtica fe católica no puede mezclarse con prácticas esotéricas, supersticiosas o sincretismos religiosos que terminan confundiendo la verdadera devoción cristiana”, señalaron desde el Arzobispado.
Y agregaron: “La fe en Jesucristo, único Señor y Salvador, vencedor del Mal y de la Muerte, nos llama a vivir una relación confiada con Dios, y no a buscar seguridades en elementos mágicos o creencias contrarias al Evangelio”.
En otro tramo del comunicado, las autoridades eclesiásticas sostuvieron que “ningún cristiano católico puede rendir culto a la muerte ni buscar en ella protección o salvación”, y remarcaron que “la verdadera fe está puesta únicamente en Jesucristo resucitado, vencedor de la muerte”.
Además, la Iglesia indicó que “resulta incompatible con la fe católica participar en rituales, promesas o prácticas vinculadas a San La Muerte”, y pidió a la comunidad “discernir y no dejarse confundir por expresiones religiosas que mezclan símbolos cristianos con creencias contrarias al Evangelio”.
“Los cristianos no debemos vivir con miedo a maldiciones, amenazas espirituales o poderes ocultos, porque nuestra confianza está puesta en Dios”, agregaron desde el Arzobispado.
Un culto popular que crece en el norte argentino
Historia de San La Muerte
Aunque la Iglesia católica rechaza oficialmente estas prácticas, el culto a San La Muerte mantiene una fuerte presencia en varias regiones del norte argentino, especialmente en Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones y algunos sectores de Santiago del Estero.
La figura suele representarse como un pequeño esqueleto tallado en madera, hueso o metal, y sus seguidores le atribuyen poderes relacionados con la protección, la salud, el trabajo y la justicia. En algunos casos también se lo vincula con pedidos extremos y promesas personales.
Con el paso de los años, la devoción creció de manera informal y comenzó a ocupar espacios públicos y privados con alta exposición, algo que históricamente generó tensiones con la Iglesia católica.